PROGRAMAS CULTURALES,PRIMERAS APROXIMACIONES por ARTURO NAVARRO C.

TEXTO:  ARTURO NAVARRO C.

servel

A diferencia de la pasada elección presidencial, esta vez, parecen prepararse Programas en serio y gratuitamente, como fue tradicional en nuestra política. La existencia de primarias en dos de los tres bloques electorales, ha permitido conocer avances oportunamente depositados en el SERVEL. En el terreno cultural se aprecian líneas bastante coherentes con la existencia del CNCA y la cercana instalación de un Ministerio multicultural y participativo.
Quizás las medidas más concretas y puntuales aparecen en la propuesta de Sebastián Piñera: «creación del Museo de la Democracia; ley única de donaciones con beneficios para promover la filantropía ambiental; eliminación de doblajes en programación juvenil e infantil de la TV abierta para estimular la lectura y comprensión del inglés». Lo del museo es novedoso y se inscribe en la tradición de los gobiernos concertacionistas que dejaron, cada uno, huella en formidables espacios culturales: el CCEM, el MIM, el CCPLM y el GAM. Ley única de Donaciones es un esfuerzo que debería ir acompañado de una fuerte campaña de promoción y estímulo a la filantropía, incluso ¿porqué no? desde el propio candidato.

Beatriz Sanchez, en su Hoja de Ruta, plantea «conformar un Estado con carácter plurinacional, que reconozca el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas en el marco de un país diverso e incluyente. Proponemos, en este sentido, avanzar hacia el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado chileno, estableciendo mecanismos de representación parlamentaria de los pueblos indígenas que lo reflejen», medida insinuada en el próximo Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio. Además, propone «incentivar la participación directa de los ciudadanos en sus espacios locales por medio de la construcción participativa de los presupuestos comunales. Es necesario convertir a los presupuestos participativos en una práctica regulada, vinculante, no sometida a la voluntad contingente de los alcaldes y capaz de decidir sobre porciones relevantes del presupuesto municipal». En la medida que existen muchas corporaciones y espacios culturales comunales, es posible que, por esta vía, se fortalezcan los aportes hacia las artes y la participación ciudadana en la cultura, sin tanta dependencia del Alcalde de turno, lo que es deseable.

Alberto Mayol, en el apartado Arte, lectura y deporte, propone «dividir el territorio nacional en zonas distritales con políticas unitarias de fomento del arte, la lectura y el deporte. Este mecanismo estará anclado con el sistema educativo, pero también implica avanzar en la existencia de infraestructura disponible para estas actividades. La idea ya implementada en la comuna de Recoleta en Chile, conocida como Escuela Abierta, es un camino eficiente para apoyar esta iniciativa. En cualquier caso, se requieren más gimnasios, polideportivos, centros culturales locales y una red de bibliotecas más nutrida. En el caso de México se ha implementado una política de fomento para que cada sala de clases del país tenga una pequeña biblioteca en su interior. Chile debe hacer propio ese desafío. Los dos últimos años de la educación secundaria deben orientarse con fuerza al arte y el deporte. Chile es el país con mayor obesidad juvenil de América Latina, con pésimas perspectivas de salud derivadas de esta condición». La idea de mezclar cultura y deporte, no es nueva. Hay experiencias favorables en Australia donde se aprovechan lo estadios que se construyen para los juegos olímpicos con espacios para la cultura como bibliotecas y centros culturales. Por otra parte, la cercanía de bibliotecas en las salas de clases podría estimular el inmovilismo y ser contradictorio con la lucha contra la obesidad. El caso colombiano, más cercano, que sitúa grandes bibliotecas en parques o terrenos eriazos con canchas deportivas vecinas, parece ser coherente con intentar mezclar lectura y deportes.

Felipe Kast es el que parece destinar mayor espacio y energía al tema en un apartado denominado Cultura: la diversidad que nos reúne, que comienza con una declaración de principios: «Arraigados en el valor de la costumbre y la tradición la cultura, las artes y el patrimonio de Chile revelan nuestra forma de mirar al hombre y a la naturaleza desde la imaginación y la creatividad, retratando los elementos propios de nuestro imaginario, ritos y carácter. Para que esta poderosa herencia pueda transmitirse a las nuevas generaciones, no sólo debemos proveer los necesarios recursos para el fortalecimiento y salvaguarda de nuestras artes, cultura y patrimonio sino, también, dotar de herramientas a nuestros niños, para que puedan apreciarlas y transformarlas en innovación y cambio profundo para el enriquecimiento de sus propias vidas y la vida del país».
Derivada de esta declaración, propone: «un Plan de fomento a lectura, descentralizado, en conjunto al esfuerzo de fundaciones y corporaciones especializadas en materia lectora, para que todos los chilenos desde niños aprendan a comprender lo que leen», en lo que parece haber escuchado la experiencia de Fundación Futuro. Luego, «la creación de un Sistema de Instituciones Culturales que permita de manera mixta allegar tanto financiamiento público como también privado, simplificando el proceso de donaciones», en lo que parece recoger la propuesta surgida en un encuentro en la Cámara de Diputados, de crear un Consejo Nacional de la Infraestructura y Gestión, desestimada por las autoridades como parte del nuevo Ministerio. Más adelante expone un «programa de emprendimiento cultural que contemple un capital inicial, acompañamiento y capacitación para ayudar a consolidar proyectos como el Festival Santiago a Mil o Puerto de Ideas, que mejoran sustancialmente la vida de la comunidad», en lo que parece haber escuchado demandas de las productoras de dichos eventos. En lo patrimonial, anuncia que «modificaremos la Ley de Monumentos nacionales para que quien posea un inmueble patrimonial cuente con la posibilidad real de protegerlo y su propiedad no se transforme en un gravamen e incentivaremos la participación privada en salvaguarda del patrimonio cultural, ampliando el Fondo del Patrimonio y Ley de donaciones culturales para materias patrimoniales y Ley de Monumentos Nacionales». Empeños todos, de vieja data que por alguna razón no se concretan aún.
Plantea también el reconocimiento constitucional de la interculturalidad y «dar un giro disruptivo y sustantivo, en la relación del Estado con los Pueblos Indígenas: reconocimiento expreso de los pueblos indígenas originarios; reconocimiento del Mapudungún y el Rapa Nui, como lenguas co oficiales en la Región de La Araucanía y en Isla de Pascua, respectivamente».

Manuel José Ossandón también enfatiza al tema intercultural: «es esencial brindar a nuestros pueblos originarios un concreto reconocimiento a través de nuestra Carta Fundamental, valorando su existencia y aporte durante el surgimiento y desarrollo de nuestra patria, y como parte esencial e indisoluble de las raíces de la Nación chilena. Además, debe valorarse la integridad como pueblo de cada uno de ellos, de acuerdo a sus costumbres, cosmovisiones, cultura y lengua».

Faltan las propuestas de Alejandro Guillier y Carolina Goic, que deberían recoger la continuidad de las políticas desarrolladas desde 2000 a la fecha, que están en pleno proceso de renovación en el CNCA, que, en agosto y en Arica, celebrará su Convención Nacional para aprobar las políticas 2017 2022, que ya tienen sendos avances en los consejos sectoriales del Libro, Audiovisual y de la Música.

En el diálogo entre políticas aprobadas por la entidad correspondiente, por ley, de hacerlo y las medidas que programará el siguiente gobierno, se sustentará el desarrollo cultural de las próximas décadas.

Quedamos atentos y pendientes.

Publicado por ARTURO NAVARRO 

 

Mayo 22, 2017

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