BLEST GANA ESCRITOR, DIPLOMÁTICO Y… ESPÍA por ARTURO NAVARRO

Texto; Arturo Navarro C.

Cuando nuestra Biblioteca Nacional anuncia la devolución -casi 140 años después de sustraídos- de 720 volúmenes con el sello Biblioteca Pública de Lima a la Biblioteca Nacional del Perú, cabe preguntarse cómo llegaron tales ejemplares a ese lugar. La respuesta considera la contribución de notables intelectuales y escritores chilenos en esa guerra. Como espías. Uno de ellos, el autor de Martín Rivas. Alberto Blest Gana fue, además de novelista, miembro de la red de inteligencia chilena en Europa durante la Guerra del Pacífico, como lo muestra Guillermo Parvex en su reciente libro Servicio secreto chileno en la Guerra del Pacífico. Sin embargo, no fue el único artista en ponerse entonces al servicio de su patria.

 

Entre los logros diplomáticos de Blest Gana destacan la incorporación de Chile a la Unión Postal Universal y la compra de cañones Krupp en Francia y Alemania durante la Guerra del Pacífico. Anteriormente, asesorado por el diseñador naval Edward James Reed, gestionó el diseño y construcción de los blindados Cochrane y Blanco Encalada, que resultaron determinantes en ese conflicto. También intervino en el bloqueo de adquisiciones bélicas por parte de Perú durante la misma guerra, como fue en el caso de la frustrada compra del acorazado turco Felhz-Bolend por medio de delegados japoneses, y en la adquisición de dos buques en Alemania, disimulados como mercantes.​ Mediante operaciones clandestinas, de desinformación y viajes secretos, Blest Gana desbarató compras de armas de los países adversarios y sorteó restricciones  que afectaban a nuestro país para abastecerse de armamentos en Europa”, escribe Parvex.

Otro de los artistas espías fue el pintor Álvaro Casanova, enviado a Francia en 1882, en misión secreta, a las órdenes de Blest Gana, con el objeto de adquirir armas e impedir las adquisiciones del Perú. Más tarde, tanto él como su hermano Rafael ascendieron a coroneles del ejército balmacedista, en la guerra civil de 1891.

El abogado y literato Carlos Walker Martínez  -casado con Sofía Linares Frías, boliviana, natural de Sucre- estuvo a cargo de los agentes chilenos en Bolivia, donde ejerció como diplomático.

El abogado y educador José Abelardo Núñez, en cuyo honor se rebautizó con su nombre la Escuela Nacional de Preceptores, fundada en 1842, autor del silabario El Lector Americano, es otro de los espías ilustrados. Núñez desarrolló, gracias a su gran memoria y capacidad de observación, labores de inteligencia en Perú. Parvex recuerda que, amigo de altas autoridades peruanas, se hacía maña para visitar instalaciones militares y guardaba un croquis de ellas en su cigarrera.

Guillermo Matta, fundador del Partido Radical junto a su hermano Manuel Antonio y uno de los principales exponentes del romanticismo en la poesía chilena -con Eusebio Lillo, Guillermo Blest Gana y el mencionado Carlos Walker-, estuvo vinculado a la red de inteligencia mientras ejercía labores diplomáticas en Alemania.

El primer coordinador del servicio secreto, entre 1873 y 1877, fue el ministro plenipotenciario en Perú Adolfo Ibáñez Gutiérrez, quien luego de una dilatada carrera diplomática y política llegó a ser Ministro del Interior del Presidente Balmaceda.

Entre 1877 y 1879, reemplazó a Ibáñez el abogado Alejandro Fierro Pérez de Camino, quien tuvo “una importante función durante la crisis que llevó a la Guerra del Pacífico”, según su biografía oficial. La que agrega que fue Ministro de Relaciones Exteriores y Colonización del 16 de agosto de 1878 al 17 de abril de 1879 y Ministro subrogante de Guerra y Marina entre el 6 de marzo al 2 de abril de 1879, cargo en el que asumió la conducción del servicio secreto, lo que le permitió otorgar los medios necesarios al agente Joaquín Godoy para reforzar la red de agentes en Perú. En 1889 fue intendente de Tacna ocupada.

Entre todos estos diplomáticos, políticos y artistas comparece también el Veterano de tres guerras, José Miguel Varela Valencia, que desarrolló trabajos de recopilación de información sobre las montoneras peruanas de la sierra hasta 1882. Muchos años después y sin proponérselo, gracias al rescate de sus memorias, se ha convertido en un best seller.

Como Blest Gana y su Martín Rivas.

Cosas de la literatura … y de espías.

Publicado por ARTURO NAVARRO en diciembre 11, 2017

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