SU MEJOR ACTUACIÓN por NELSON VILLAGRA GARRIDO

 TEXTO  por NELSON VILLAGRA GARRIDO

En ese primer año de 1955, fue Ítalo Ricardi, compañero de nuestro curso del Primer Año de Actuación, quien comenzó a promover la idea de hacer un Festival Nacional de Teatro Aficionado.

Ítalo, formaba parte del cuarteto de compañeros con Fernando Bordeu, Ildemaro Mujica y yo, quienes solíamos estudiar juntos y discutir apasionadamente en el Parque Forestal sobre Historia del Teatro e Historia del Arte, materias de nuestras clases.

De carácter un tanto impredecible en aquellos años de estudiante, Ítalo Ricardi era hiperquinético, anteojos ópticos redondos, apresurado en el hablar, se ganó fácilmente entre nosotros el mote de “el loco Ricardi”: una personalidad anárquica, impedido de ser parte de un colectivo, excepto como amigo y compañero de estudios. Poseía sin duda la pasión del teatro.

Tuve que recurrir a informaciones de la red para recordarle hoy. Desconocí su vida íntima. Nunca le escuché hablar de familiares.

De acuerdo a mis pesquisas, su práctica profesional posterior a la Escuela tuvo altos y bajos, manteniendo una actitud polémica con el medio teatral. Ganó un prestigioso premio de actuación en el Teatro de las Naciones, evento que iniciado en París, tengo entendido que desde hace años se celebra en diversas ciudades europeas. Y de las vagas informaciones que tengo de Ricardi, al parecer giró por varios países europeos escribiendo y actuando sus propios monólogos vanguardistas. La última noticia que tuve de él – un comentario escuchado en alguna de mis visitas a Chile – fue que se había asilado en el Hogar de Cristo, supongo impelido por su pobreza económica.

Pues bien, este fue el hombre que parió la idea del Primer Festival Nacional de Teatro Aficionado. Cuando Ítalo nos propuso la idea en el Parque Forestal, nuestra primera reacción fue: “imposible, demasiado compleja, una idea loca”.

En aquellos años sabíamos de la existencia de grupos teatrales aficionados a lo largo del país, pero desconocíamos cuántos y dónde específicamente. Yo mismo provenía de un grupo teatral aficionado: constituido por personas que luego de sus trabajos o estudios se aficionaban a montar obras de teatro para presentarla en su ciudad y región.

La loca idea del Festival prendió en nuestra clase de Actuación con la fuerza de la juventud irresponsable. Para sorpresa nuestra contó además con la entusiasta aprobación de nuestro propio profesor de Actuación, Domingo Tessier. De manera que a nombre de nuestra clase, se presentó la idea oficialmente a la dirección del TEUCH (Teatro Experimental de la Universidad de Chile), y éste no se demoró mucho en comprometer su cooperación y aporte: sala Antonio Varas, utilización  de elementos escenográficos de su bodega, vestuario de su sastrería, y personal técnico durante el festival.

Los grupos deberían correr con los gastos de pasaje, pero el Festival se haría cargo de la estadía. Lamentablemente no recuerdo quién o a través de qué institución se financió el alojamiento y comida. Pudo haber sido la Universidad de Chile, sus hogares, y en algunos casos domicilios particulares, etc.

De este modo a comienzos de 1956 en la sala Antonio Varas se realizó el “Primer Festival de Teatro Aficionado de Chile”. Fue una experiencia muy estimulante el conocer la cantidad de grupos aficionados que existían a lo largo del país de norte a sur. Aunque no todos tuvieron los medios para llegar hasta la capital. Sin embargo no serían menos de 15 a 20 grupos que pudieron mostrar sus puestas en escena.

Nuestro curso, el Primer Año, realizó un trabajo intenso preparando las condiciones, ayudados por varios de los estudiantes de los cursos superiores, y por los diferentes estamentos del TEUCH. Formamos Comisiones de Recepción y Enlace entre los alumnos de la Escuela.

De este modo cada grupo de teatro era recibido por algún alumno (s), quien además se hacía cargo de atender las necesidades técnicas que tenía cada grupo, contactándolo con el técnico adecuado.

A mí me tocó recibir mi propio grupo de Chillán quienes, por falta de financiamiento, no pudieron traer una puesta numerosa. Aportaron el diálogo “Martes, Jueves y Sábado”, de Aurelio Díaz Meza, con una simpática y celebrada actuación de Ciro Vargas y Elena Acuña. Otros grupos pudieron traer delegaciones más numerosas: siete, nueve y hasta 15 personas.

Fueron días de fiesta teatral, días de intercambio, días solidarios: “no estamos solos, no somos los únicos locos”. Existimos de Arica a Magallanes.

El Teatro Aficionado, tiene una larga tradición en Chile: obreros, empleados, estudiantes, en los rincones más inesperados de nuestro país han aportado siempre su tiempo y entusiasmo artístico. Y aquel Primer Festival Nacional de Teatro Aficionado de 1956 así lo confirmó. Sus resultados fueron muy estimulantes como todas las actividades culturales colectivas.

Y me atrevo a sugerir que los festivales de teatro aficionado en Chile deberían registrar en alguna instancia el nombre de Ítalo Ricardi, personaje ignorado en la Historia del Teatro Chileno.

 

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