Dúo para un coro por NELSON VILLAGRA GARRIDO

TEXTO  por NELSON VILLAGRA GARRIDO

                                                                     Isidora Aguirre y Manuel Rojas

Y entonces, como dicen los cuentos orales, sucedió que a finales de 1958 en Santiago, Pedro de la Barra se había retirado sorpresivamente – al menos para nosotros en Concepción – de sus funciones administrativas de la institución que él mismo había fundado en 1941, (TEUCH), cayendo según informaciones privadas, en una crisis emocional y ruptura matrimonial. Situación que derivó en un proceso depresivo que lo alejó de sus relaciones sociales y amistades, admitiendo la visita de sus más íntimos solamente.

La mayoría de nosotros habíamos conocido personalmente a Pedro en Santiago. En mi caso había recibido sus clases en el Tercer año sobre Dramaturgia Nacional. Pedro de la Barra siempre fue un gran impulsor del teatro chileno (Premio Nacional de Arte 1952). Evitaba las “galimatías teóricas” tanto en sus clases como en sus puestas en escena. Yo había trabajado en una puesta suya siendo alumno, reemplazando a un actor en un pequeño personaje. Se trataba de “La Viuda de Apablaza”. Magnífica obra chilena, magnífica dirección de Pedro y magnífica actuación de Carmen Bunster y Mario Lorca, sus protagonistas.

  

De tal manera que cuando fuimos informados de la situación actual de Pedro de la Barra nos resultó preocupante y lamentable…

Es probable que haya sido Gustavo Meza quien encendió la mecha quimérica de invitar a Pedro para venir a trabajar con nosotros. “Nuestra juventud e inquietudes creativas podrían resultarle estimulantes”, algo así argumentó Gustavo.

Entre la esperanza y el escepticismo, pienso que este último era mayoritario entre nosotros. La posibilidad de tener a Pedro de la Barra nos resultaba muy improbable. De la Barra, a la fecha, sin duda era la personalidad teatral chilena más importante.

                                         La actitud generosa y modesta de Gabriel Martínez Soto-Aguilar alimentó la ilusión sin embargo, desde el primer momento. Gabriel acababa de dar inicio a una modesta Escuela de Teatro ligada al TUC, y estaría feliz, dijo, dedicándose a fortalecer su propia idea, haciéndose cargo de la Dirección de la Escuela, abriendo así el espacio ante la Rectoría para la llegada de Pedro. Porque, claro, no teníamos dudas que para la Universidad de Concepción, tener a Pedro de la Barra sería un punto de prestigio.

En asamblea decidimos que Gustavo y Gabriel tomaran contacto en Santiago con Isidora Aguirre, quien, según informaciones, pertenecía al círculo de los íntimos de Pedro. Isidora aún no había escrito “La Pérgola de las Flores”, pero ya tenía una trayectoria como autora nacional. Gustavo había dirigido una divertida comedia de ella en Concepción “Dos más dos son cinco” con excelentes resultados. Era la persona perfecta para sondear a Pedro.

  Gustavo Meza

Gustavo y Gabriel viajaron a Santiago. En un primer momento Isidora se mostró cauta ante la petición. “Hablaré con él, pero sin comprometerme por el resultado. Está muy mal nuestro amigo, muy mal… Espero tener alguna respuesta si acaso en dos o tres días”.

Sin embargo la muy pilla de Isidora, tenía una carta escondida bajo la manga: estaba terminando de escribir una obra de teatro en conjunto nada menos que con Manuel Rojas, un consagrado escritor chileno a quien Isidora le había convencido de meterse en la aventura teatral, y juntos habían escrito “Población Esperanza”: los suburbios santiaguinos miserables subirían a escena exponiendo y denunciando no sólo su pobreza, sino también la esperanza del cambio (como puede apreciarse, este deseo histórico de cambio es la esperanza nunca alcanzada en nuestro país).

Resumiendo. Al parecer, Pedro se interesó en el hecho que una obra chilena se hubiera escrito a dúo, y un dúo singular, sin duda: Isidora – Nené – provenía de familias chilenas “encopetadas”, mientras que Manuel Rojas provenía de familias humildes. Y ambos eran amigos apreciados y respetados por Pedro. Con el agregado que Manuel Rojas (Premio Nacional de Literatura 1957), durante su azarosa y sacrificada juventud, había estado ligado al teatro obrero.

-Fíjate que Manuel y yo – le dijo Nené, sosteniendo su mano entre las suyas – hemos pensado que el único que puede dirigir esta obra eres tú, precisamente. ¿Y sabes quiénes te quieren invitar para que la dirijas? Los muchachos de Concepción. La Universidad acaba de profesionalizar a un grupo de actores, muchachos que tú conoces. Varios de ellos fueron alumnos tuyos.

 

                                                                                                               Isidora Aguirre

No voy a perder tiempo – como diría Chaucer – en explicar lo parlanchina, simpática, talentosa, pícara e inteligente que era Isidora Aguirre. En dos palabras, Nené Aguirre Tupper tenía el tamaño y sagacidad de una ardilla.

Según les contaba a nuestros emisarios, ante la invitación “penquista”, Pedro habría guardado silencio mirándola por debajo de las cejas – se cruzaron las miradas de dos pícaros -.

-Hum. Déjame la obra, la leeré en algún momento, habría dicho displicente. No te prometo nada. Déjamela…

de Nelson Villagra Garrido 

 

 

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