ACERCA DE LO HUMANO EN CIRO VARGAS MELLADO Libro GENTE DE RADIO Nº 6

ACERCA DE LO HUMANO EN CIRO VARGAS MELLADO

 

El quinto de una familia de ocho hijos; su padre falleció a los treinta y tres años y su madre fue la heroína de la historia; su infancia transcurrió con tranquilidad, con limitaciones y con algunas privaciones, pero con alegrías, con satisfacción … el recuerdo emocionado de sus compañeros de trabajo en Radio La Discusión, y la aparición en su vida de Enrique Gajardo Velásquez.

(GENTE DE RADIO Nº 6) LEOPOLDO.- Volvemos a nuestra conversación con el periodista Ciro Vargas Mellado.

Vamos a hacer un paréntesis en el tema de la radiotelefonía, propiamente tal. Queremos hablar ahora, acerca de lo humano en Ciro Vargas. Estábamos, en el programa anterior, cuando hacías una suerte de cronología, que terminaba en las referencias sobre tus afanes en la Dirección de Radio La Discusión, tu casamiento con Sonia Roa Mena y el cambio de residencia a Santiago.

Hablemos de esa etapa… hacia atrás; pero de lo humano, de tu familia, y al interior de ella, de quienes recuerdas con mayor afecto, en razón obviamente de los sentimientos, que seguramente van a aflorar en esta expresión de los recuerdos.

¿Quién es Ciro Vargas en cuanto a su núcleo familiar, en Chillán?

CIRO VARGAS.- Mira, soy el quinto de una familia de ocho. Mi madre tuvo ocho hijos y fuimos desarrollándonos todos, nacidos en Chillán. Yo nací en Chillán y todo el grupo familiar se formó y desarrolló allí.

Yo, como te digo, fui el quinto de esos ocho hijos. Mi padre era agricultor y se fue muy temprano… tenía treinta y tres años cuando falleció.

Mi madre fue la heroína de esta historia porque tuvo que enfrentar las exigencias de una familia tan numerosa como fue esa de ocho niños y acometió la tarea con una valentía extraordinaria. Realmente fue una vivencia única, porque sin tener ninguna experiencia en agricultura, se hizo cargo del fundo, porque hablamos de un fundo ya que era un terreno grande, de un centenar de cuadras que ella había heredado de mi padre, el cual a su vez lo heredó de sus padres. Y ella tuvo que enfrentar esas exigencias sin tener conocimientos para esas duras faenas.

Mi madre era una mujer de ciudad, solamente tenía una hermana; así, eran dos mujeres que vivieron muy juntas, muy unidas, en la etapa ésta a la que me refiero, de nuestra niñez… Y así fuimos formándonos con mucho esfuerzo y mucho sacrificio, superando dificultades… muy duras y complejas. Hubo, recuerdo, una crisis económica muy fuerte, por allá por el año treinta y dos, creo, y entonces había que hacer muchos equilibrios para poder sobrevivir, y así se fue haciendo.

Entonces mi infancia transcurrió con tranquilidad, con limitaciones y con algunas privaciones, pero con alegrías, con satisfacción… Mira: fue una familia de la cual no salió ningún bandido… En el grupo familiar todos fuimos criados ordenadamente y con valores que nos han acompañado de por vida a todos y a los que vamos quedando de nosotros, somos tres.

Y, entonces, esa etapa de mi infancia transcurría un poco en la ciudad y también en el campo, porque, si bien es cierto que vivíamos en Chillán, pasábamos buen tiempo en el fundo.

Al que me refiero estaba situado -ahora ya no sé quién será el dueño- en las proximidades de Coihueco…, entre Coihueco y Pinto… En Roblería -me acuerdo que así se llamaba y no sé si ahora se sigue llamando de esa manera-.

Nuestra vida transcurría entre la ciudad y el campo y es por eso que también tengo alma de campesino y siempre me gustó mucho eso y todavía tengo cariño por la naturaleza y por la belleza de lo que ofrece el paisaje… y eso me quedó de mi etapa de muchacho campesino.

Fue una familia de esfuerzo y… bueno, transcurrieron los años de mi infancia. Fui alumno de la Escuela… se le llamaba “Escuela Negra” no porque fuera de tan malos instintos, de mala reputación, sino porque tenía pintada toda una guarda de color café oscuro que transcurría por todos los muros de toda la Escuela… sería por eso que le llamaban la Escuela Negra… Quedaba cerca de mi casa y  ahí cursé mis seis años de preparatoria y los otros seis años fue en el Liceo de Hombres de Chillán… ésa fue mi etapa de estudiante, y terminaron mis estudios porque fracasé -como lo señalé en otra oportunidad-…, fracasé en el Bachillerato, cuando me presenté a esa prueba que permitía el ingreso a la Universidad.

Yo pretendí también ingresar a la Universidad y habría sido posible… en esa época se podía porque era gratuita la enseñanza; así que no había problemas económicos en eso, y era posible tener aspiraciones tan interesantes como ésas… pero hasta ahí llegué; rendí el Bachillerato, salí mal, no quise insistir más y me dediqué a otros afanes.

Después, alterné la radioemisora con el teatro; fui actor de teatro… participé en varias obras de teatro… fue una etapa de la vida lindísima… el día no tenía horas, porque a veces nos prolongábamos en la noche hasta las doce o hasta la una de la mañana, en ensayos y tratando de sacarle el jugo al tiempo y a la vida.

LEOPOLDO.- Son recuerdos importantes con toda esa fuerza que tienen los sentimientos al recordar estas vivencias de los primeros años. Siempre en este marco, pero ya más en relación al entorno laboral de Ciro Vargas.

Tenemos la visión familiar, pero a todo ser humano suelen rodearle siempre gente buena, algunos personajes siniestros, que tal vez no sea bueno traerlos a cuento en esta conversación, y gente amable que lo marcan a uno con determinadas características.

Tal vez partiendo con la gente que estaba en el círculo inmediato de la radio y desde ahí, ampliándose un poco ¿ recuerdas nombres y características de algunas personas? Ya en una conversación anterior se habló del profesor que sería -abramos comillas-, el “culpable” de la primera incursión en la radiotelefonía…

¿Recuerdas algunos personajes especiales y por qué lo fueron?

CIRO VARGAS.- En la vida radial yo tengo el recuerdo de quienes fueron mis compañeros de trabajo. En esa época, era Director de Radio “La Discusión” Lautaro Vergara, hombre con un carácter fuerte, que después fue Regidor -ahora se dice Concejal-, Regidor de la Municipalidad de Chillán durante más de un período; fue Diputado también. Era hombre que le gustaba la política… incursionó con buen éxito en eso… él ya falleció. Y el otro personaje de la Radio era Oscar Donoso, ya también fallecido. Nos llamábamos entre nosotros “los tres mosqueteros”, porque cotidianamente estábamos coincidiendo mucho en el quehacer de la radio y fuera de ella también.

Entonces, tengo el recuerdo de esas dos personas… Oscar Donoso, particularmente, ya que habíamos sido compañeros de curso… de estudios en el Liceo y después fuimos compañeros en la radio, ambos siendo locutores. Con Lautaro era la relación un poco más distante porque tenía un carácter fuerte y más de alguna vez chocamos; pero eso no quería decir que no pudiéramos entendernos… Pero estaba un poquito más distante de nosotros dos… del trío de “los tres mosqueteros”… Pero, hay una persona que marcó el cambio -en gran medida- de la orientación de mi vida.

Yo era un modesto locutor de radio -y como ustedes ya lo han escuchado, enamorado de mi trabajo, enamorado de la radio-, hacía lo que fuera necesario en la radioemisora… lo que hubiera que atender, se hacía con entusiasmo…

Bueno, un día apareció en los estudios una persona que yo no conocía pero que llegó a preguntar por mí. Y se me presentó… y yo le dije que “no sabía quién es usted”… “Y yo tampoco sabía quién era usted -me respondió- Pero ahora lo saludo porque tengo referencias suyas… Me hablaron de usted y tuve interés en venir a conocerlo”.

Y ese conocimiento fue el que abrió la puerta para que yo empezara a hacer lo que finalmente hice. En el campo radial me embarqué en hacer radioteatro, escribía libretos para eso, escribía poesías, leía en la noche versos, hacíamos muchas actividades de ese tipo…

¿Y quién era esa persona?

Enrique Gajardo Velásquez, un hombre que, como digo, influyó enormemente en la orientación que yo le dí a mi vida a partir del conocimiento y de la amistad que se estableció entre ambos.

El iba a pasar sus vacaciones a Chillán. Porque el trabajaba acá en Santiago. Era funcionario de la Universidad de Chile. Fue una de las figuras notables que hicieron nacer el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, de tan grata recordación y de tanta gloria en el escenario nacional.

Bueno, de ese encuentro surgió una amistad que duró hasta que yo me retiré de Chillán para residir en Santiago, pero él siguió allí creando, formando, dirigiendo… formando juventudes… fue el Maestro… Siempre se le llamó “el Maestro”, un hombre que dedicó su vida a producir arte y cultura, a orientar a las juventudes. Fue formador de grupos teatrales, fue formador de grupos de diversa naturaleza y, como digo, a mí me abrió la puerta y el entusiasmo para convertirme en un trabajador serio de la radio y un trabajador del teatro; porque también fui, aparte de actor de algunas obras, el director cofundador del Teatro Experimental de Chillán.

Así que esa figura que he querido recordar con particular reconocimiento y emoción, fue Enrique Gajardo Velásquez, que lamentablemente falleció hace algunos años, pero dejando tras sí una huella imborrable en lo que respecta a la historia cultural y artística de Chillán.

LEOPOLDO.- Creo que los recuerdos y los personajes no se agotan en este encuentro. De manera que en nuestros próximos programas continuaremos hablando de ellos.

 

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