Ciro, a través de su Programa “La Noche Chilena”, GENTE DE RADIO Nº 17

TEXTO:  LIBRO  GENTE DE RADIO Nº 17

Ciro, a través de su Programa “La Noche Chilena”, ya aparecía como una persona que estaba como revolucionando un ambiente…

Las circunstancias que influyeron en la estancia en Venezuela… las actividades de teatro realizadas por Sonia, antes del viaje … y las primeras experiencias en la vida caraqueña…

(GENTE DE RADIO Nº 17) LEOPOLDO.- Estamos conversando con Sonia Roa Mena y su esposo, el periodista Ciro Vargas Mellado.

Sonia: en la actividad teatral que se realizó en estos viajes a Chillán, ¿recuerdas qué obras se montaron en esa ciudad?

SONIA ROA.- Sí. Allá nosotros fuimos a presentar una obra de Miguel Littin: “La mariposa debajo del zapato”… Era una denuncia… yo era una mujer cartel, de esas que andan como los payasos u otra gente…, con un cartel por delante y otro por detrás, promoviendo algunos negocios o firmas comerciales… Pues bien, ésa era yo… Me tocaba hacer ese personaje… era la esposa, que reemplazaba a mi marido… que era un bebedor…

Bueno, y también fuimos a presentar allá “El Vicario”, una obra que causó una gran polémica dentro de la Iglesia. Se trataba de la vida del Papa Pio XII… Lo ajusticiaban, dentro de la obra, por su comportamiento que tuvo ante la matanza que hizo Hitler…

Y también, acá en Santiago, nos presentábamos en el Teatro Cariola, el cual funcionaba aquí en San Diego y tuvimos varias obras: “El Umbral”, entre varias otras que presentamos y en las cuales yo participé.

LEOPOLDO.- En Chillán, con Radiodifusión Cultural de Chillán, primero y el Instituto de Extensión Cultural, después, hubo una actividad de radioteatro… el teatro “escenificado” (entre comillas) en la expresión radial… Ciro, esta experiencia que hubo en Chillán, ¿también se presentó de alguna manera en tu actividad radial, ya sea en la Radio Portales y en Radio Chilena?

CIRO VARGAS.- No. Ya estando en Santiago, mi actividad radial se redujo más estrictamente a lo periodístico… ya lo teatral, lo artístico, quedaba en el pasado de mi historia.

Así es que mi trabajo se circunscribía específicamente a la labor periodística, tanto en radio como en algún diario o revista en la que tuve oportunidad de escribir. Pero ya no volví a hacer teatro, excepto en una oportunidad en que me invitaron a intervenir brevemente en una obra que se presentó en el Teatro Municipal y ahí tuve oportunidad de aparecer en el escenario, pero prácticamente a decir unas dos o tres frases, y eso fue todo… pero, tuve el honor y la satisfacción de haber actuado, aunque tan brevemente en el escenario del Teatro Municipal en Santiago.

LEOPOLDO.- Las conversaciones que hemos tenido hasta este momento en el Programa “Gente de Radio”, dan la sensación de que hubo dos motivos fundamentales para irse a Venezuela, a Caracas…

Por una parte, un período de cesantía, dado que luego del once de setiembre, aparte de la incursión en “Radio Chilena”, allí donde, por decisión de quién administraba la Emisora, se suprimió la actividad periodística y de acuerdo a eso viene una situación de cesantía de Ciro. Por otra parte, Sonia nos acaba de decir que la alta sintonía del programa que había en Radio Chilena, molestó a algunos políticos de la fecha y estaba constituyendo un elemento de riesgo importante:

¿Cuál es la imagen, cuál es la percepción… el recuerdo que tienes de lo que generó el viaje a Caracas, Venezuela?

SONIA ROA.- Bueno, nos motivó a salir del país el hecho de que Ciro, a través de su Programa “La Noche Chilena”, ya aparecía como una persona que estaba como revolucionando un ambiente… llamaba la atención en esa época… incluso, al Arzobispado… Y mandaron a buscar a las autoridades de la radio, al Director y otros funcionarios, para que se fueran a presentar a la Casa de Gobierno, donde les llamaron la atención. Fueron al edificio Diego Portales, Entonces Cirito Vargas, en ese momento, recibió el llamado de la Iglesia con la información de que la Radio Chilena se iba a cerrar.

Y empezaron, también, a amedrentarlos… al salir de la radioemisora había ciertos vehículos sin patentes que lo andaban siguiendo mientras caminaba hacia la casa. Entonces, todas esas cosas hicieron que le dijera: “Mira Ciro, mejor es que tengas más cuidado”. Y de ahí es que nos decidimos a irnos a Venezuela, porque teníamos una persona amiga que nos había dicho que, ante cualquier eventualidad de riesgo, nosotros partiéramos para allá. Y así lo hicimos.

LEOPOLDO.- Cuando tomaron la decisión para irse a Venezuela llevaban una definición… ¿qué cosas iban a hacer en Venezuela, cuando llegaran allá?

CIRO VARGAS.- No. Absolutamente… no.

Simplemente, el deseo de hacer lo que se nos presentara, acogiendo la invitación y el ofrecimiento que nos hacía -ya, creo, que hice referencia a ello- el periodista Wilson Tapia Villalobos, que ya estaba establecido en Venezuela, con su familia hacía algún tiempo…

Nos dijo: “Tienen mi casa”… y así fue. Estuvimos en la casa de él … en el departamento que arrendaba en el Parque Central, en Caracas …, estuvimos como unos veinte días, no más de un mes, molestándoles, porque surgió la posibilidad de instalarnos en nuestro propio departamento que nos ofreció un gentilísimo venezolano que, lamentablemente falleció en forma muy prematura, pero que fue un hombre que recordamos con gratitud y con gran emoción…

Y eso fue lo que nos impulsó a trasladarnos, pero sin una meta fija… Allí entonces empezaron a producirse los contactos… Wilson, y después otros… un periodista argentino, también, de gran disposición, quienes nos fueron estableciendo contactos con algunos medios y al poco tiempo yo estuve de Secretario de Redacción de una de las revistas más antiguas de Venezuela, la Revista Elite…

En radio no trabajé porque el acento es algo que se nota para quién no es venezolano… entonces, ese detalle contribuyó a que no incursionáramos en radio… como así ocurrìa, y hablo en plural, con Wilson y otros chilenos que estábamos por allá y que habíamos estado trabajando en Chile como periodistas radiales …

LEOPOLDO.- Sonia…, llegan a Caracas tres o cuatro años después del golpe de Estado del año setenta y tres… No aparecen ¿o sí? como refugiados políticos… en este traslado hacia ese país … ¿Cómo fue la recepción de la gente venezolana con la cual ustedes se contactaron al llegar a Venezuela ?

SONIA ROA.- Fíjate tú, que fue algo tan especial… Yo tomé conciencia de las ventajas que habíamos logrado… oye, pero a semanas de haber estado allá en Venezuela…. Teníamos tanto temor, cuando estábamos acá, que a Ciro le pasara algo… que en cualquier momento, en Chile –si sentíamos tocar el timbre- lo fueran a tomar preso, que nosotros dijimos “mejor nos vamos”…

Claro… y con eso de irse a otro país, queremos estar tranquilos, libres… y además, que nosotros dijimos … en dos años… vamos por dos años, entonces ya no se van a acordar, y podremos volver tranquilamente a nuestro país…

Entonces, cuando ya tomé conciencia cuando estábamos en Venezuela, transitando por las calles que, para empezar, íbamos en busca de una dirección y las direcciones allá no eran como las de aquí… a lo menos en ese tiempo, no eran similares… las casas no tenían números… numeración. Había que –si buscábamos una dirección- hacerlo por referencias…

Por ejemplo: “la calle del muerto, donde hay una casa azul y al lado de una panadería…”. Bueno, ésa era la dirección a la cual uno tenía que ir… Entonces fue al comienzo… Después fue terrible… comenzó el miedo… una ciudad desconocida… una gente que si bien se mostraba muy amistosa, muy cordial, se notaba eso cuando nosotros nos acercábamos a ella justamente por direcciones porque andábamos tremendamente perdidos –porque nos daban lugares para encontrar trabajo y nos demorábamos mucho tiempo… llegábamos atrasados porque no nos ubicábamos, no sabíamos encontrarlas… Pero las direcciones eran el problema, no dábamos con ellas…

Pero la recepción de la gente desde el comienzo nos capturó… nos llenó y nos hizo sentir como en casa, digamos…

 

 

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