Notre Dame de París por Luis Del Río Donoso

TEXTO:   por Luis Del Río Donoso

  Notre Dame de París

« Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! »

(Cesar Vallejo)

Se aproximaba el crepúsculo de un día primaveral en París, cuando la noticia e imágenes de la Catedral Notre Dame en llamas nos sorprende. Nuestras miradas captaban lo increíble, un símbolo de la humanidad, declarada Patrimonio cultural mundial por la UNESCO, se debatía por sobrevivir al fuego que devoraba una parte importante de su edificio. Nada hacía presagiar la tragedia. El trabajo de renovación era necesario y desde algunos meses habían comenzado su obra especialistas junto a los trabajadores. Pero el destino es imprevisible. Por descuido, como sucede casi siempre en variados accidentes, el fuego intervino, tomo fuerza, y devastó en algunas horas una parte importante de la mítica catedral parisina, dejando tras de sí un universo de miradas asombradas, de inquietud y consternación, ante el silencioso lenguaje de las cenizas.

La noche es más oscura cuando se viven instantes de pesadilla. Cientos de ojos continúan observando la titánica labor de los bomberos por salvar parte de la memoria de Francia. Y de Europa, como lo señala objetivamente la Presidenta de Alemania Angela Merkel, al saludar en sus condolencias al Presidente Francés Emmanuel Macron, quién había decidido cancelar su discurso sobre las nuevas medidas de su gobierno, ante las persistentes protestas y demandas de los chalecos amarillos y otras organizaciones sociales, en toda Francia. Dos veces se hizo presente en la Isla de la Cité, donde se unen los dos brazos del Sena, y lugar escogido por Luis VII, quien puso la primera piedra en 1163. El término de su construcción data del Siglo XIV. Con el paso del tiempo Notre Dame se inserta en el paisaje parisino como un ícono de la humanidad. Nadie que desee conocer la historia de París deja de visitarla, y de admirar sus vitrales, pinturas, retratos, frescos góticos, que ilustres y conocidos artistas dan vida de generación en generación. Por lo señalado, sentimos la viva emoción del Presidente Macron al expresar sus sentimientos, respondía de esta manera, con dignidad, a lo inimaginable, prometiendo reconstruir la Catedral, contando con el apoyo indiscutible de todo el pueblo Francés y sus amigos de diversos horizontes. 

En lo personal, rememoro algunas visitas a Notre Dame. Siempre me ha impresionado el sigiloso susurro de lo mítico. Los inciensos como 

perfumes que redimen al amparo de lo real. Nada está perdido, hay que recomenzar, decían nuestros mayores. Es una verdad que trasciende al tiempo, y trasluce al paso y peso de los años. Y es en la reflexión donde encuentro una vez más los rostros que me enseñaron a dialogar con lo que no se ve, pero se siente. En especial, en estos días de Semana Santa. Porque no olvidemos lo que para millones son las raíces de su conciencia: el espíritu del ser que murió en una cruz hundido en lo más profundo del desastre humano, y a pesar de ello, no lloró. Más bien, si sus labios se abrieron fue para solicitar el perdón para aquellos que escupieron su sangre. Y al final, de sus heridas nació una paloma mensajera, oscura como la muerte, y se alejó aleteando entre silencios hecho vida.

En mi se desgrana la siembra de la existencia. La realidad no es un concepto, son sentimientos que nacen, vertiginosos, enunciando el sentir de lo que observo, escucho, y comparto, con las palabras que dictan mis sentidos, frente a lo imprevisto, a lo que parece irreal, pero es bien concreto, contradictorio, como un horizonte que se desplaza frente a este peregrino de sensaciones en busca de la verdad, y que deja caer una lágrima de impotencia. 

Quizás caminar sea dejar huellas. Sentir los cambios en la respiración de la naturaleza, del frío y blanco invierno pasar al verde primaveral. Y disfrutar el tibio viento susurrando por todos los poros de nuestra existencia. Nada más importante que esta sinfonía de palabras sugiriendo en silencio los nuevos rumbos de nuestro destino. Nada será como antes del incendio de Notre Dame. La vida continua con su ritmo de vida. De las cenizas se levantarán otras esperanzas. Reconciliación entre lo profano y divino será el puente de nuevas sonrisas. Y en el seno de la Catedral, volverán a cruzarse y entrecruzarse las culturas del mundo. Se habitarán los ecos de diferentes idiomas, recordando que ella es y será el mítico símbolo que el mundo reconoce como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Y en lo íntimo, es el hogar donde se reúne el verbo, para dialogar como dialogan los que aman, entre nuevos sueños y otras ilusiones. 

Luis Del Río Donoso

Corresponsal de VOCES (Lima,Perú) en Francia

Benodet, 17 de Abril 2019

 

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