ENTREVISTA A NELSON VILLAGRA GARRIDO

Texto:  RADIOEMISORA: “ UNIVERSIDAD LA REPÚBLICA ”

ENTREVISTA A NELSON VILLAGRA

PROGRAMA: ANTES DE ALMUERZO  RADIOEMISORA: “ UNIVERSIDAD LA REPÚBLICA ”

 

 CIRO VARGAS.- Nos resulta particularmente placentero, amigos oyentes, tener hoy, como invitado de este programa, al famoso actor Nelson Villagra Garrido. Para ustedes debe resultar un personaje conocido … cuando veníamos en camino, a la radioemisora, le preguntábamos a los alumnos con los cuales nos encontrábamos, si lo conocían … me dicen de nombre, claro que sí, pero lo identifican inmediatamente con ese inolvidable personaje de “ El Chacal de Nahueltoro ”, que fue la película que filmó Nelson y la cual se ha constituido y convertido en un clásico del cine chileno, film que ha recorrido el mundo entero …; bueno, este es el hombre que tenemos con nosotros: el actor Nelson Villagra Garrido, a quien le damos una cordial bienvenida. Nelson, los micrófonos de Radio “ Universidad La República ”, en su programa “ Antes de Almuerzo ”:

 NELSON VILLAGRA.- Muchas gracias… muy buenas tardes. Estoy singularmente contento y sorprendido de estar en la radio, acompañado de Ciro Vargas Mellado y Leopoldo Martin Ramos, viejos compañeros de trabajo. Encuentro aquí a uno de mis maestros de mis inicios artísticos y teatrales: Ciro Vargas Mellado. Es verdaderamente singular la circunstancia de poder compartir con ustedes, y además – a través de los micrófonos de Radio La República – poder compartir con todos los auditores.

 LEOPOLDO MARTIN.- No es solamente una circunstancia especial; yo diría que constituye una circunstancia que tiene una carga de emotividad muy grande.

 Yo quisiera partir, Nelson, pidiéndote que hablemos un poco de tus comienzos, de la época chillaneja en la que aparece Ciro Vargas trabajando contigo y con tu hermano Pedro…, y a partir de esas remembranzas desgranar esa linda historia de tu vida hacia situaciones y experiencias más recientes… ¿ cuál es tu recuerdo fundamental de esos primeros años en Chillán ?

 NELSON VILLAGRA.- Bueno, estando aquí al lado de Ciro, es realmente curiosa la sensación, porque me vuelvo a sentir como un muchacho… y ¡ claro ! ya tengo mis añitos pero lógicamente – como algunas canciones lo dicen – todos fuimos jóvenes alguna vez. Verdaderamente, yo comencé a los trece años en esta historia del teatro y cuestiones artísticas.

 El otro día, en un libro que ha salido publicado en Chillán, ahora hace poco – “ La silla del sol ” -, hay alguna foto por allí de los tiempos en que trabajábamos en radio “ La Discusión” de Chillán. En ella, vi a varios compañeros, entre otros estaba yo, y también Ciro; en fin, de aquellos años de los cincuenta. Y verdaderamente es muy emotivo, muy emocionante recordar esos tiempos sobre todo para mí que tengo buena memoria en ese aspecto. Hasta el día de hoy creo que me afirmo mucho en ese pasado, en ese primer momento que me encontré con las cuestiones artísticas, que me encontré con gente como Ciro o como Enrique Gajardo Velásquez…, son sustentos hasta el día de hoy, alimentos gratos; así es que me gusta mucho la idea de estar con ustedes acá.

 LMARTIN.- La itinerancia: ¿ de Chillán a Santiago o en otros lugares, afuera del país ?

 NVILLAGRA.- Después de estar, creo que alrededor de cinco años trabajando en el teatro y en un programa muy hermoso que teníamos en radio “ La Discusión ” – Radio Difusión Cultural de Chillán – , me fui a estudiar a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, un poco incentivado por mis propios compañeros de ese Programa. A mí me gustaban mucho las labores del campo, yo tenía un alma de agricultor y verdaderamente estuve en la gran disyuntiva: o la cultura o la agricultura y me decidí por la “ teatricultura ”, de modo que me fui a Santiago.

 C VARGAS.- Me permites, Nelson, hacer un recuerdo de ese momento o de esa decisión tuya, no sé si alguna vez lo conversamos… Yo en esa época, trabajaba en el Banco del Estado, a cuya oficina llegó en esa oportunidad doña María…

-tú estabas trabajando con nosotros en estos afanes de la radio y el teatro -, y me fue a decir: ¡mire…, fíjese que a este muchacho se le ha dado por ir a estudiar teatro a Santiago ¿ usted cree que valdrá la pena que vaya allá ?, porque si usted me dice que no, yo lo dejo trabajando en el campo…, que siembre papas y que produzca cosas de esas …

Mi respuesta fue: “ ¡ No !, señora, déjelo que vuele …”

 NVILLAGRA.- ¡Claro que sí !, y es algo que se me había olvidado pese a que me estoy vanagloriando de mi buena memoria; ¡ sí, efectivamente ! Es más, creo que estuviste en casa en una especie de cena, porque fuiste invitado para esto mismo, para ratificar si valía la pena que yo me fuera a estudiar a Santiago.

 LMARTIN.- Ahora creo que es importante hacer un breve paréntesis de información relativo a lo que se está conversando:

 Radio Difusión Cultural de Chillán fue un organismo importante en la historia chillaneja, el cual dio lugar después a un Instituto que permitió otras manifestaciones del arte como el teatro y el coro; ahí participaron ustedes dos como fundadores y como realizadores de una historia artística en Chillán que es de una transcendencia importantísima.

 Nelson, tú has reconocido la actividad de Ciro Vargas, y también la participación de Enrique Gajardo Velásquez como uno de los hombres que colaboró o incentivó todo este trabajo desde Santiago; ahí habría que señalar el respaldo enorme que tuvo el teatro de la Universidad de Chile en estos afanes de Chillán.

 Bueno, un paréntesis necesario de aportar, para ir entendiendo la historia artística, posterior, de Nelson Villagra Garrido.

 NVILLAGRA.- Claro, efectivamente, Enrique en esos años trabajaba en el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, que hoy es el Teatro Nacional, y se daba tiempo en las vacaciones para ir hasta Chillán a asesorarnos. Pero no sólo eso hizo Enrique. Él fue una especie de sembrador de teatros experimentales, según recuerdo, desde Santiago hasta Chillán. En aquel tiempo había varios otros: en San Fernando, recuerdo; no sé si en Talca… en fin, había dos o tres teatros experimentales fundados por Enrique desde los cuales salieron otra serie de valores que también estuvieron en el concierto nacional del teatro.

 Era un hombre que tenía un gran talento como maestro. Por lo menos para mí me resultó siempre un hombre de gran calidad. Su actitud era muy especial, y es lo mismo que me pasaba con Ciro; no tanto por el discurso que me hicieron, sino que era por la actitud, el compromiso que tenían con la labor cultural…, era lo que hasta el día de hoy a mí me sirve y me sustenta.

 LMARTIN.- Retomando un poco lo que contaba Ciro, ¡ qué linda aquella cena en tu casa cuando se conversa sobre tu destino inmediato de dedicarte al teatro y no a la agricultura, y que linda tu madre que permitió – por el consejo de Ciro dado en ese instante – , decir “ bueno ”. Y así el joven actor pudo viajar a otros lugares y perfeccionarse y hacer cosas tan hermosas como las que tú, Nelson, has realizado en tu vida de actor. ¿qué viene después…?, se realiza esa comida, te dan permiso, llegas Santiago…, ¿ qué se hace ?

 NVILLAGRA.- Llego a Santiago. Me dieron estrictamente lo necesario, eso sí. ¿cuál era el temor ?

 El temor que había en aquel tiempo es similar al que en la actualidad aflige a algunos padres: es ver en el teatro o la labor artística, algo que puede dar cabida a una vida un tanto licenciosa. Y a eso le temía mucho mi madre, más que mi padre.

 Por eso me dieron lo estrictamente necesario para vivir en una pensión muy modesta que conseguí en aquellos años, por ahí cerca de Avenida Matta …, y bueno, empecé a sentir la típica soledad de quien ha salido de su casa a los 17 años … yo todavía no cumplía los 18 cuando abandoné la casa de mis padres, y sufrí la soledad típica …, vamos a escribir algo, algún poemita que traduzca más o menos nuestros sentimientos y esa soledad.

 Tuve la suerte de empezar a compartir con un muchacho que se llamaba Luis Córdova. El trabajaba con Enrique Gajardo en publicaciones en el Teatro, quien finalmente se fue a la pensión donde yo estaba y nos fuimos acompañando mucho con él. Y luego de eso, en el segundo año conocí a Víctor Jara con quién nos hicimos muy amigos, y también empezamos a compartir un plato de comida y los causeos que nos llegaban desde la provincia, los cuales eran muy bien recibidos; así nos fuimos haciendo muy amigos hasta que finalicé la escuela de teatro.

 Con Víctor fuimos un par de veces de vuelta a Chillán, de vacaciones, a hacer una especie de registro que le interesaba fundamentalmente a Víctor. Un registro folclórico de aquellos años, cosa que le sirvió a Víctor y lo decidió en definitiva a incorporarse a la canción chilena. Yo terminé la escuela de teatro y no se me quitaba una suerte de provincianismo – pienso yo… tal vez -, en el sentido que nunca pude adaptarme a Santiago. Aunque hoy día – también lo pienso – tampoco estoy adaptado a Santiago.

 Porque en aquel tiempo lo encontraba muy pituco, hablando así llanamente; encontraba muy pituca a la gente del teatro, y yo era bastante rústico, bastante…, con las manos con callos… yo era un hombre de otro tipo. Entonces, se me creó un problema al final del curso; cuando salí egresado, dije: “mejor me vuelvo al campo, ya terminé ésto, por lo menos le voy a mostrar un cartón a mi madre ”. Y le voy a decir: “miren, ustedes gastaron dinero en esto…, aquí está el cartón que dice que efectivamente yo estudié. Pero me vuelvo al campo…”

 Y empezamos a armar un proyecto con mi madre de una bodega de frutos del país… Ya teníamos algo avanzado, cuando – como a los tres meses de estar en estos nuevos afanes – me llegó una carta de Concepción, de la Universidad de Concepción, en la cual me decían que el teatro de la Universidad de Concepción comenzaba a profesionalizarse en ese año de 1958, y me ofrecían un contrato… Había venido una comisión a Santiago a ver varios exámenes ( bueno, no varios porque en ese tiempo existían dos escuelas solamente; la Católica y la Chile, y creo que Fernando Cuadra tenía también una academia). Habían visto mi examen de egreso interesándose en mí. De modo que me enviaban un contrato.

 Y, claro, ante esa oferta teatral y el proyecto de frutos del país se me complicó mucho la vida. Mi madre estaba muy entusiasmada con la idea de que por fin en la familia habría un hombre que iba a continuar la parte de la agricultura en una pequeña propiedad agraria que teníamos cerca de Chillán. Pero, desgraciadamente para sus deseos, a mí me tiró más el teatro y se lo planteé a mi madre y a mi padre derechamente. Les dije: miren, ante esto, la verdad es que si ustedes me preguntan qué prefiero, prefiero ir a provincia, porque en provincia me interesa hacer teatro. No quise hacerle empeño por quedarme en Santiago, pero en provincia sí …

 Y me fui a Concepción. Y fue una estupenda elección, porque así como había sido fundamental en mi vida la actividad artística amateur que había hecho yo en Chillán, también fueron importantes las bases que me dieron los años de Concepción. Nos juntamos un grupo muy interesante allí, tanto de maestros como de actores, tanto de Santiago como gente de Concepción, y logramos constituir un grupo que hizo escuela en aquellos años 58, 59, 60 … Hasta el 64, inclusive, estuve yo en Concepción. En ese momento me llegó una oferta de contrato del Teatro ICTUS de aquí de Santiago, porque a todo esto el año 1963 yo obtuve un premio nacional de la crítica. El Círculo de Críticos de Arte, me otorgó el premio por la labor artística mejor del año 1963 …, hasta donde recuerdo creo que fue el único premio que se dio a provincia en el siglo pasado – ya podemos hablar del siglo pasado -, y efectivamente ese premio me valió para el interés que tenía ICTUS – hacía ya un tiempo – de llevarme a Santiago. Finalmente vine contratado por ellos y ahí comenzó mi trabajo aquí en Santiago.

 Comencé trabajando en el ICTUS, en teatro, y un año después empecé a hacer televisión en el canal de la Universidad de Chile … Posteriormente hice algo en el canal 13, y llegó el cine. La primera película que hice fue “Regreso al silencio” con Nahum Kramarenko y los hermanos Devauchelle. Luego vino otra película que se llamaba “Los testigos”, con Charles Elsseser, director de televisión; vino enseguida “Tres Tristes Tigres”, con Raúl Ruiz, y la tercera de ese año 68 fue el “Chacal de Nahueltoro”, que sería la película que me destacaría nacional e internacionalmente.

 CVARGAS.- ¿Cuántas?, ya que hablamos de todas esas actividades, Nelson ¿cuántas películas, cuántas obras de teatro? Porque además de actuar, escribes teatro en esa frondosa producción: obras, de cine, participación en televisión, producción de actuación de obras, ¿de qué cantidades hablamos ?

 NVILLAGRA.- Bueno, de obras de teatro…, – vamos a darnos cuenta que estamos hablando de un hombre que ha estado … veamos: 2002, estamos ahora, y yo comencé en el 50, así que hace 52 años que estamos metidos en esta danza… – , por tanto supongo que de teatro debo andar en alrededor de 60 obras, de cine son unas 37 o 38; por ahí debe andar.

 De televisión, bueno muchos programas de aquellos años en los cuales hacíamos los teleteatros – así se llamaban – que eran adaptaciones de grandes obras teatrales del repertorio nacional y universal. Hicimos muchas… no sé cuántos programas serían esos, más otros programas de creación personal. En fin trabajé desde el 65. De la televisión no tengo cuenta, pero en fin, podíamos decir que trabajé también en unos 30, 40, 50 programas…, no sé cuántos. Más otras telenovelas, que nunca había hecho y que hice ahora cuando regresé el 97. Hace poco tiempo estuve un par de años en canal 13.

 He escrito obras de teatro también. Son cuatro obras de teatro; dos de ellas tuvieron buen resultado allí en Montreal, Canadá. Las tradujeron al francés. Una, titulada “Rara Avis”, ganó el concurso de autores “néo Québécois”, propiciado por el prestigioso grupo teatral Le Théâtre d´Aujourd´hui de Montréal. El premio consistía en ponerla en escena dentro del taller del grupo teatral antes mencionado. Y luego, escribí otra obra que se llama el “Señor de las Luces”, que fue traducida también al francés (“Le Seigneur des Lumières”)…, con la cual gané nuevamente el concurso de autores néo Québécois (entre autores griegos, alemanes, italianos, etc, etc.), cuyo premio consistía en una lectura dramatizada en la sala principal. Ambas experiencias fueron para mí muy singulares, tanto, que “El Señor de las Luces” me gustó más escucharla en francés que en español.

 Y luego he escrito otra obra que la representé aquí en Chile: “La Farsa del Caballero y la Muerte” que fue hecha al regresar el año 97. No me di cuenta que al comenzar a escribir esa obra decidí escribirla en décimas – en verso -, y tampoco me di cuenta que en realidad había escrito un poco mi visión, mi sentimiento del regreso al país. Sí, porque en el fondo es eso; la base de la obra es una anécdota muy simple y trivial, del típico pacto que hace un campesino con el diablo…, contada mil veces en la tradición. Sin embargo con una óptica diferente: esta vez, el Diablo quiere que el campesino mate a la Muerte: “Yo quiero que el hombre viva/ hasta secar su saliva,/ porque viviendo se tienta,/ y eso es lo que a mí me alienta/ a conservarle la vida”. La obra ganó un concurso Fondart, lo que me permitió una itinerancia por provincias: anduvimos justamente por Chillán, San Fabián de Alico, San Carlos, Trehuaco, varios pueblos alrededor de Chillán, en El Carmen… También este último pueblo es un lugar para mí muy especial.

 En fin, las inquietudes son muchas… La verdad, es que me gusta mucho esto que hago, entonces estoy muy entusiasmado desde hace muchos años en esto, y por tanto no paro…, siempre estoy en busca de algo, de una nueva faceta, de una nueva manera de expresarme.

 CVARGAS.- Estamos, señoras y señores, en esta versión del programa “Antes de Almuerzo” por radioemisora “Universidad La República”, en compañía del actor de cine, teatro, televisión, autor…, todo lo que nos ha estado contando… Nelson Villagra Garrido. Él nos ha complacido al aceptar nuestra invitación para conversar con ustedes y para ustedes… porque él se ausenta de Chile, para cumplir tareas de su oficio y de su dedicación al arte. Nelson, en este tiempo cuando te ausentaste de Chile ¿cuántos países fueron escenario de tu trabajo?

 NVILLAGRA.- A través del cine, por muchos, aunque no he andado por todos los países por donde se han proyectado mis películas, pero sí en varios donde he filmado, o donde he sido invitado para asistir a festivales cinematográficos. A propósito de diversos países, ustedes hablaron antes del Chacal de Nahueltoro -, una de las películas con las cuales he estado en variadas latitudes, en foros, conversaciones con público. Esa película es algo singular, no sólo aquí en Chile.

 El lenguaje estético que ella contiene le permite comunicarse con gentes de muy distinta cultura o de una sensibilidad aparentemente diferente, y sin embargo se conectan con esa película de una manera similar. Yo he visto lágrimas en los ojos de daneses, y también de finlandeses, por mencionar a gente que yo la siento como muy ajena al sentir nuestro; pero, justamente con ese tipo de experiencias es que a uno le ratifica algo que en teoría está escrita ahí por los libros. Y es que en definitiva, los hombres en sentido genérico, a pesar de las culturas diferentes, somos bastante iguales en los lugares más ajenos a lo que uno supone su cultura. Allí te encuentras con que hay algo común que tenemos todos los seres humanos y que es lo bonito, es lo que hay que cuidar y preservar, por supuesto, como preocupación cultural.

 Yo – a través del cine – me he conectado con públicos muy diversos, y verdaderamente pasa algo similar a lo que me pasa a mí. Yo veo una película japonesa y de pronto me interesa, me emociona, me hace reflexionar; o veo una película de Nueva Zelandia y también me provoca una serie de cuestiones. Entonces, eso es lo interesante que tiene – diría yo – el lenguaje estético, que trasciende su contexto y es capaz de comunicarse con todos los espectadores, se universaliza, y eso es maravilloso, son experiencias muy interesantes.

 Pero, también, y a propósito de hablar de esa película en este país, Chile. Para mí el “Chacal de Nahueltoro” representa un hito de esa conexión profunda que aspiramos todos los artistas a tener con el espectador o con el que va a consumir nuestro resultado artístico. Yo hasta el día de hoy, aquí en mi país, por ejemplo, gozo de una relación singular con miles y miles de personas a través de Chile. Acabo de tener un gesto de agradecimiento con Jorge del Carmen – que es el nombre real de quien en la película le llamamos el “Chacal de Nahueltoro”.

 Jorge del Carmen, está enterrado en San Carlos, en un nicho. Se ha convertido en animita milagrosa… En definitiva, es un mediador de fe y esperanza para mucha gente. Cuando conocí ese nicho, me enteré además que la gente le pide favores a Jorge del Carmen, actualmente. Esa gente tiene en su mente la imagen de la película, vale decir “mi imagen”. Cuando ellos están pensando en Jorge del Carmen, me están viendo a mí. Cuando me enteré de eso, con el público directamente… Con todo esto…, allí en el nicho, un 1º de noviembre…, me impactó mucho. Porque, claro, es una suerte de responsabilidad social que uno tiene ¿no?; y por otra parte, pensé: “esto es lo máximo a lo que puede aspirar un actor”, hacer un personaje que de pronto se conecte de manera tan insondable con el alma de lo que uno considera su pueblo… ¡ yo no puedo pedir más en la vida !… eso es lo máximo – para mi gusto -, en esa realidad nacional.

 Del mismo modo, he tenido similares experiencias internacionales con diversos trabajos cinematográficos. Me ha tocado trabajar con gentes diferentes afuera. Además, con otras lenguas: en italiano, en francés, en inglés, es que el arte tiene esa maravillosa cualidad, digamos, que une y que hace comprender tantas cosas en el acto mismo del arte. Más que en un discurso racional, es un asunto como de sentimiento o de emoción en la cual se provoca un salto cualitativo de uno mismo respecto de la realidad interna o externa.

 LMARTIN.- Con esta experiencia tan interesante que tú nos describes: esa posibilidad como artista que has tenido luego de contactarte con muchos públicos diferentes – en muchos lugares del mundo, que cada vez se siente más chico – , una pregunta relacionada con la situación del artista en Chile; ¿tú crees que en este momento están dadas las circunstancias – o quizás mejor planteado – cuáles serían los elementos necesarios para que el arte, el artista ( a lo mejor un muchacho igual que tú, de 17 años, que quiere empezar a incursionar en el teatro ) para desarrollarse? ¿Crees tú que son necesarias algunas acciones especiales, algunas políticas determinadas de Gobierno? ¿Solamente, es cuestión de incentivar a nuestra juventud para que ésta incursione en las artes, como tú lo has hecho?

 NVILLAGRA.- En la realidad nacional nuestra, yo creo que la experiencia a partir de lo que yo he visto, es que era muy distinto cuando yo tenía 13 años…, cuando estábamos con Ciro trabajando en Chillán. Había días – recuerdo – que nos sentíamos muy solos, un poco aislados en este trabajo, porque a veces no nos sentíamos con el suficiente eco, el suficiente apoyo inmediato que a veces requeríamos, y teníamos que ponerle mucho ñeque, como se dice, y mucha voluntad para seguir bregando. Sin embargo, el hecho de que se haya creado en un momento dado – yo creo que a la altura de los 90, yo no estaba aquí todavía -, la División de Cultura y luego a través de él, Fondart…, se obtuvieron recursos, que permitieron que se construyera un pequeño local en tal pueblo, o pudieron hacer una obra de teatro, hacer un concierto; aquel se compró una guitarra, aquel compró un violín, en fin, diversos actos. Mucho se ha realizado a propósito de la existencia de este Fondart.

 Me imagino que hay muchas cosas que acomodar, que arreglar… , ahora estamos ante la posibilidad de que se forme, de que se funde el Consejo Nacional de la Cultura. Hay diversas opiniones, algunas reticentes respecto de si la autonomía va a estar preservada en ese organismo, sino se va a burocratizar la cultura; bueno, en fin, una serie de discusiones, que son pertinentes por lo demás, y es bueno que se esté activo respecto de esas posibilidades negativas para evitarlas. Pero, sin embargo, yo creo que una de las debilidades que hemos tenido en este país es que la cultura siempre ha sido una cuestión puntual…, como de gobiernos. No todos los gobiernos – históricamente desde 1810 para acá – se han preocupado del problema cultural, pero algunos gobiernos lo han hecho, pero, insisto, gobiernos. Es ahora que por primera vez el Estado, a partir de la División de Cultura y lo que ahora pretenden con el Consejo Nacional, es primera vez, digo, que el Estado se está haciendo cargo del problema cultural.

 A mí me parece que ese es un salto positivo que habla de nuestro desarrollo. Yo he observado en los países desarrollados, que el Estado está apoyando firmemente. Incluso en aquellos países que supuestamente son tan liberales desde el punto de vista económico, como EE.UU., que tiene un gran apoyo estatal la cultura y la industria cultural – porque allí hay una industria cultural. Bueno, quiere decir que el Estado entra a tomar conciencia de que es su labor el problema de la cultura. Creo que es importante. El apoyo hay que prestarlo a toda esa potencialidad que tenemos en este país. Pienso que es muy importante, porque espero que a través de un desarrollo consistente de los artistas e intelectuales que van a hacerse cargo de la cuestión cultural, podamos ser capaces por fin de meter el bisturí en ese cuerpo chileno y en el alma. Diría que es labor fundamental de nuestro pueblo, para verdaderamente devolvernos una imagen crítica en la cual de verdad nos podamos mirar y superar, para terminar con una suerte de cultura del eufemismo, una cultura mentirosilla que nos tranca en una serie de aspectos. Y, por otra parte, ese organismo cultural con apoyo del Estado puede que nos defienda también de este peligroso elemento que se llama mercado libre o libre mercado, que impone unas leyes muy pragmáticas. De tal modo que los productores de cultura y arte, en busca de tener una respuesta exitosa del espectador o del público o del lector o del auditor, en fin, de pronto nos encontramos también con un mundo seudo cultural y seudo artístico, a veces aberrante, que nos echa a perder un poco nuestras potencialidades. Nos impide descubrir un mundo verdaderamente nuevo, y descubrir nuestras interrelaciones con el mundo global del que se habla, pero desde un Yo bien definido. Para que no se atropelle nuestra identidad, y terminemos siendo uno más, tipo botella de coca cola, digamos, que se repite hasta el infinito.

 CVARGAS.- Es sumamente grato y muy interesante escucharte, Nelson, y esos juicios respecto de nuestra realidad y las posibilidades de superar problemas y mejorar las cosas, son muy importante y nos aportan mucho… desde tu perspectiva -que es amplia por tu experiencia y por los lugares donde has estado trabajando en el ámbito artístico- cual es tu juicio de la sociedad, ampliándonos al ámbito social en general … tu juicio de la sociedad chilena ¿ cómo la aprecias, tú que has estado un poco casi como de paso en Chile, en algunas épocas ?

 NVILLAGRA.- Ha cambiado un poco. Yo puedo dar una visión diríamos artística entre comillas; vale decir que tengo ciertas licencias para hablar… No soy un cientista sociológico ni soy tampoco un psicólogo social…, soy simplemente un actor. Por el hecho mismo de esa profesión, mi objeto de estudio ha sido el ser humano, el ser humano que está aquí, que se llama chileno: fundamentalmente, nos ha afectado un cambio, yo tengo la impresión que nosotros somos … como una conducta nacional – diríamos -, venimos arrastrando una suerte de actitud espasmódica, no tenemos una regularidad en el avance sino que – ya sea para atrás o para adelante – lo hacemos a saltos y con cierta brusquedad.

 LMARTIN.- Nelson, quizá sería bueno volver, a esa imagen de la “siesta provinciana” que alguien escribió por ahí, para caracterizar a Chillán. Para escucharte en este encuentro, me da la sensación que tu personaje principal preferido, el que te ha regalado más satisfacción es el Chacal ¿o hay otro personaje ?

 NVILLAGRA.- Sí, hay otro… Es una película que hice en Cuba. Se llama “La última cena”, es una película sobre un hecho real que sucedió en el siglo XVIII, a fines del siglo XVIII, en un ingenio azucarero en Cuba … brevemente: un Conde de la Colonia, es dueño de un ingenio azucarero donde tiene muchos esclavos africanos. Un año, desea celebrar un Viernes Santo diferente… Pide que le elijan de la dotación de esclavos a doce esclavos para que se sienten a la mesa con él a cenar, momento en que él pretende adoctrinarlos en la religión, a fin que cada uno comprenda que debe aceptar un rol en la vida (el de esclavos, para ellos)…

 Y es una película muy hermosa que además está calificada -dentro de los cien años del cine mundial – … está calificada dentro de las diez mejores películas que se han hecho dentro de América latina. El director es un hombre que desgraciadamente murió hace dos o tres años atrás, Tomás Gutiérrez Alea. Es una película hermosa, realmente muy inteligente, muy lúcida y que también me ha dado a mí muchas satisfacciones, sobre todo en el exterior.

 Creo que aquí en Chile, se ha dado en algún cine arte alguna vez y creo que en la televisión Artv – creo que es un canal de películas selectas -. Internacionalmente ha tenido por lo pronto muchos premios; tres o cuatro premios; yo tengo además un premio internacional por esa película en Biarritz, Francia, y también es una película que provoca un excelente contacto con el público, y que me ha dado a mí gratas satisfacciones también en el trabajo como actor; eso diría yo: que “La Última Cena” y el “Chacal de Nahueltoro” son las dos películas que de verdad me han dado grandes satisfacciones.

 LMARTIN.- Esa obra tuya: la del Pacto con el Diablo ( no la conozco ); escuchándote me imagino – por lo que te conozco a ti -, cómo debe ser de rico el lenguaje entre los personajes. Para mí, es una suerte de canto a la vida, que el “Malulo” quiera que la muerte muera, me da la impresión de que en tu deseo, es un canto a la vida ¿por qué hago esta referencia? porque te quiero llevar de nuevo al personaje del Chacal de Nahueltoro. Si la situación que tradujo ese tremendo crimen y luego el cambio de la calidad del hombre absolutamente brutal, agreste, que logra convertirse en un poeta – y el cual tu tradujiste tan bien en la interpretación de ese personaje -; si esa situación hubiese acontecido actualmente, en que se ha suprimido la sentencia…, ahora de repente que no hay pena de muerte… ¡no la habría para él…!, cuando tú conversabas de esa experiencia, recordaba a un hombre que es amigo nuestro, Edgar Perramón Quilodrán, que fue uno de los pocos – que en su calidad de subdirector del Diario La Discusión -, fue invitado a presenciar el fusilamiento de este hombre… Yo que era un estudiante de su aula, su alumno, lo vi absolutamente destrozado muchos días después del acontecimiento; estaba en ese hecho… ahí está la expresión más brutal del hombre matando al hombre, por mucho que lo justifique una ley… Tú que “viviste la experiencia”, ¿cómo te impactó, cómo te toca esa realidad, posteriormente…?

 NVILLAGRA.- Me he dado cuenta, a través de varios personajes…, me dí cuenta hace algunos años atrás cuando quise repetir el texto… Alguien me pidió que repitiera un texto de un personaje que yo había hecho en el teatro, creo que fue, o en el cine – no me acuerdo -, y no me acordaba de ningún texto de ese personaje…

 Sin embargo, me di cuenta en aquel momento que tenía claro cuál era el sentimiento de ese personaje, y en ese momento me dí cuenta que en realidad como actor no recordaba nada… (no sé si les pasa a todos los compañeros, porque ha sido un tema que no lo he conversado con mis colegas).

 Yo tengo grabados todos los sentimientos de mis personajes, y por eso mismo, cuando a mí me ha tocado hablar varias veces sobre Jorge del Carmen, no puedo hablar tranquilamente, me empiezo a meter y me empiezo a emocionar…, y ahora, cuando hicimos un acto en San Carlos días atrás, en el cual me acompañó el Alcalde y las autoridades de allí…, vino gente de Chillán, prensa, televisión nacional; en fin, se armó una cosa que yo pensaba hacerlo íntimo pero terminó transformándose en algo colectivo…

 Hablé unas palabras allí porque dejé una placa recordatoria a Jorge del Carmen en el nicho, y me emocioné mientras hablaba de él…, me emocioné…, tuve que parar un poquito el discurso, a pesar que lo había escrito precisamente para evitar la emoción, y me emocionó…

 Es porque efectivamente la situación por la que pasó ese ser humano es tremenda, sobre todo en la medida en que en ese entonces, después y hoy y al parecer mañana, todavía hay muchos seres humanos que van a pasar por esa situación tan desesperante, tan dejados de la mano de Dios – como se dice – a quienes no se les da vida, pero sí se tenía el derecho hasta hace poco de quitarle la vida…

 Una vida que no se le había dado… era una incongruencia. A mí me resulta muy conmovedora la situación de Jorge del Carmen y el crimen cometido, el delito cometido, porque allí hubo gentes como la mujer, Rosa y los hijos, que también fueron asesinados por Jorge del Carmen, con una salvedad…, -y es una salvedad artística, de comprensión artística -: ¡yo creí profundamente en que yo maté a los niños para salvarlos! Eso es algo que contesta Jorge del Carmen al juez cuando le pregunta: “¡para qué mataste a los niños, hombre!”, y Jorge en el sumario – y también está en la película – en el sumario Jorge contestó literalmente: “¡pa que no sufrieran los pobrecitos!”…

 Como yo soy hombre de campo – me considero así hasta el día de hoy -, yo recuerdo, y participé desgraciadamente más de alguna vez, en la muerte de los perritos que sobraban, los cuales se echaban en un saco y se tiraban al estero o al canal porque no había cómo alimentarlos… La gente de allí del campo, como yo viví…, siempre he dicho que a mí me tocó vivir una etapa de la edad media en Chile, en los años 40 y 50; porque se vivía como en la edad media. Bueno, y entre esos actos de la edad media, cuando había siete u ocho perritos que no había cómo alimentarlos se metían en un saco, se amarraba el saco y al canal… Lo mismo creo que operó…, la misma mentalidad creo que operó en Jorge del Carmen. Porque pienso que él mató efectivamente a la mujer. A Rosa, la asesinó en un momento de violencia, de ofuscación, de pelea, efectivamente asesinó a la mujer… Sin embargo, nunca estuve seguro si al matar a los niños, ¡ese hombre asesinó a los niños, o efectivamente los salvó…!

 Yo, opté por salvarlos – en mi actuación, me refiero, como actor -, yo opté por salvarlos, con una gran contradicción en mí en ese momento… Recuerdo perfectamente los sentimientos que me embargaban, como transfigurado en el personaje, digamos: yo pensé que había que salvarlos, pensé que esos chiquillos iban a sufrir la misma suerte que yo había sufrido, que había salido a los ocho años de mi casa – de lo que podía llamar mi casa – y a correr los caminos, y sufrí una vida de perros, y era la única vida que yo veía posible para esos chiquillos que habían quedado solos. Porque los maté durante tres horas… A la mujer a lo mejor la maté en cinco minutos o diez minutos, pero a los chiquillos los maté en tres horas… Un hombre que hace eso, un hombre que tiene un sentimiento primitivo, aunque sea, pero tiene una relación espiritual con Dios, no puede hacer eso si no tiene efectivamente algo que le trascienda.

 Una idea, tal vez para Jorge, no tan clara como la que yo pueda tener hoy. Tal vez no tan racional, pero hay un sentimiento ahí que está diciéndole a ese hombre que quizás es mejor entregarle esos chiquillos a Dios que dejarlos allí en medio de esa soledad: ¿quién se va a hacer cargo de ellos… quién?, si eran unos cabros. Quiénes se hicieron cargo de mí, efectivamente…, sintió Jorge del Carmen…, nadie se hizo cargo de mí cuando tenía ocho años… Por qué voy a pensar y voy a sentir que se van a hacer cargo de estos chiquillos…

Por eso, repito, es una “licencia artística” que yo sentí: salvarlos; una vez cometido el asesinato de Rosa, le creí a Jorge del Carmen cuando “me dijo” (inevitablemente se ha reproducido en mí el proceso de identificación con el personaje, corriente en actores) que los había matado para salvarlos, y por eso la placa recordatoria que puse en el cementerio antes de regresar a Canadá, dice: “Jorge del Carmen: la verdad y tu arrepentimiento fueron tu redención”.

 Yo pienso eso, de ese personaje, más aún, no importa tanto lo que yo pienso, es lo que siento… Pienso que al espectador hasta el día de hoy le sucede algo similar. Es decir, de pronto “comprende” – no justifica -, lo aberrante de la acción humana porque es “humana” (sic)… Los inhumanos no actúan así, somos los humanos los que actuamos como Jorge del Carmen…, de manera aberrante, tantas veces.

 Pienso que el espectador – de una manera también un poco misteriosa, no tan racional – se identifica en esos actos horrorosos porque, desgraciadamente, yo creo que nosotros llevamos – y no lo digo yo, lo dicen gentes con más autoridad que uno -, llevamos dentro el ángel y el demonio. Somos capaces de las maravillas de la humanidad que hemos visto a través de los años – lo que hemos sido capaces de hacer como género humano – y también, somos testigos y a veces entes activos de las cosas aberrantes que hemos cometido también en contra de la humanidad, social e individualmente…

 CVARGAS.- Nelson, caramba el tiempo se nos ha pasado volando … ya nos hemos excedido en el tiempo que corresponde a este programa … tenemos que agradecerte muy sinceramente que hayas venido a conversar con nuestros auditores, que nos hayas acompañado en esta estupenda conversación contigo y no nos queda sino desearte que ahora, tu regreso a Canadá en los próximos días sea tan exitoso como ha sido hasta ahora el acontecer de tu vida y que podamos verte cuando regreses de nuevo a Chile por alguna razón de trabajo y de aporte al desarrollo artístico de nuestro país.

 LMARTIN.- Solamente decirte gracias… ha sido un encuentro emotivo y excepcional … agrego las mismas ideas de Ciro …, que no nos olvides … y en lugares que, por muy distantes que sean, vas a estar cerca de nosotros, esperando verte pronto y a lo mejor de nuevo, conversar como ahora en “Antes de Almuerzo ” …

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