FLAVIO, Un Hombre Feliz …

Texto: Leopoldo Martin Ramos

 

FLAVIO, Un Hombre Feliz …

 

 “ Mi nombre es Ciro Vargas Mellado… y soy el hermano mayor de ese hombre que está ahí, en ese ataúd … Flavio … el fue el hijo menor de una familia de ocho hermanos …”

 Fueron las frases iniciales de la reflexión de un hombre que ocultaba su emoción, en trazos de nerviosismo y balbuceos … Luego, dijo:

 “ El sacerdote que dio el responso, hace un instante, faltó a la verdad al decir que Flavio no fue un hombre feliz …”

 Escuchaba este reclamo un grupo humano, pequeño en número, pero muy grande en afectos, que había encaminado sus pasos desde la Capilla del Cementerio General ( Santiago, Chile) hasta el Patio 117, del campo mortuorio …

 La circunstancia inmediata se había generado algunos instantes antes … allí en la Capilla … fue una larga y cansadora perorata, más que el necesario recuerdo veraz de un varón que muere, pasado ya los ochenta años, luego de una vida generosa en vivencias nobles, de una sensibilidad superior por sus afanes de anticuario desarrollados por largos años, y de una jovial camaradería que prodigó en abundancia a sus amigos y a la gente conocida al pasar, pero igualmente importante en sus decires …

 Y es bueno detenerse haciendo una observación del comportamiento del fraile, que sin poner mayor empeño en el ejercicio de su tarea, realizó lata exposición sobre un hombre tan diferente al que tenía frente a sí …,

 … al parecer platicaba despropósitos con el túmulo, modesto armazón de madera donde estaba el féretro … porque toda su letanía versó sobre la vida infeliz del muerto …

 Terminado, el ceremonial –remedo torpe de un encuentro solemne de celebración de honras para el difunto- el hermano de Flavio solicitó al fraile licencia para decir algunas frases … lo cual le fue negada, argumentando que no era lugar para ello …

 ¿ Puede negarse el uso de la palabra, a un doliente varón que respetuosamente solicitaba acceso al sitial de las proclamaciones de ella ?

 Una vez retirado el ataúd desde la Capilla, se le representó al sacerdote, su inusitado comportamiento y el hecho de haber desvirtuado la visión humana del hombre fallecido … las frases, dolidas y no exentas de reconcomio, sostuvieron que “ era un hombre feliz ” … las dijo Sonia Roa Mena, una dama piadosa, de ferviente creencia en la religión católica … cónyuge de Ciro. Amigos de Flavio, presentes en la ceremonia, respaldaron sus planteamientos.

 Diez o más años antes de esta situación había acontecido algo especial, que es bueno consignar: en sus instantes postreros … un hombre de una sensibilidad especial, que le superaba en años a Flavio, y con el cual habían trabado entrañable amistad –Fernando Casanova- requirió de su hermana, una promesa importante … aceptar que su tumba fuese abierta, para recibir en su oportunidad, a su amigo del alma …

 Y tal expresión de voluntad, ahora cumplida solemnemente constituyó el augurio, la señal buena de un tránsito feliz … para continuar por sendas ignotas, en una inacabable itinerancia …

 Frente a su túmulo abierto, con el féretro en el piso a la espera de su ingreso a la cripta, Ciro continuó diciendo:

 “ Esta ceremonia de sepultación pudo hacerse en su tierra … Chillán, porque allí está la casa de su Madre … el lugar de su numerosa familia, de cuyo tronco mayor, en este instante solo quedamos dos hermanos …”

 “ Pudo realizarse en Chillán, y recibir allí las manifestaciones de una hermosa misa franciscana, como lo fueron las muchas en las cuales participó, mientras incursionaba en los estudios sacerdotales, los que trocó por el cultivo de los bienes antiguos, haciendo de su oficio de anticuario, la mejor faena de estudio y colección de objetos de arte, para un comercio que nunca le fue demasiado ambicioso, y al cual desmedraron más de algún pillastre de ingrata malquerencia…”

 “ Pero, él prefirió que fuera la metrópoli … la ciudad que siempre le atrajo con mayor ahínco y porque también habían otras razones …”

 “ Flavio conocía de la invitación póstuma … la hermana de Fernando, se lo había advertido … ella … Eliana Casanova,   quién está presente en este instante y lugar, recibe mi más fervorosa gratitud por su gesto de tanta bondad e inefable comportamiento …

 Gratitud que transmito, ahora también, a todos ustedes que –sin serlo por lazos de sangre o parentesco- son su familia … exactamente: la familia del cariño y la simpatía … en ausencia de su familia carnal, desperdigada en diversas estancias geográficas …”

 “ Ustedes son su mejor familia … porque recibieron, en vida de Flavio, lo mejor de su capacidad de amar: la amistad sincera, brindada sin aspavientos, pero en abierta algarabía y pensamientos de honestidad…”

“ Mi hermano, fue un hombre feliz … ni por asomo, la caricatura diseñada por el sacerdote aquel, que acaso confundió sus propias sensaciones y sentimientos al escatimar una piadosa actitud …, Flavio sin lugar a ninguna duda, fue un hombre feliz … que lo fue tal, por tenerles a ustedes como su mejor compañía cotidiana … ¡gracias, por haberles compartido ese hálito de humanidad…!”

 

ººººº

 Luego, una mano amiga abrió la pequeña ventanilla del féretro para que se le diera la última mirada … dos rosas –ya marchitándose, pero todavía con la lozanía de su belleza- permanecían en el costado del vidrio, y siguieron ahí … no fueron retiradas, al cerrar el pequeño postigo y disponerse, los panteoneros, a bajar al fondo del foso de la tumba, el madero que guardaba los restos del viajero …

 En el libro de los mensajes de condolencias, tenía yo dispuesto escribir unas frases que estuve lucubrando y que me dije: “la escribiré mañana, una vez que se recojan en él algunos mensajes …” no alcancé a hacerlo … pero, mis ideas –nacidas al ver cómo su hermano Ciro colocaba dos rosas en el vidrio de su ataúd- eran más o menos de esta laya …:

 Querido Amigo: aquí te dejo un par de rosas … una es roja, de color intenso … y la otra blanca, con los pétalos coronados por delicados tintes rosados … es bueno que las lleves, en tu viaje …

 La rosa roja te servirá de salvoconducto … o de buena señal por si te encuentras con el Principito –aquel Pequeño Excelente que viaja por las constelaciones sobre un diminuto asteroide de tres volcanes apagados y una rosa roja- … para que él te indique el camino bueno a seguir …

 Y la rosa blanca, para que se la brindes a tu Madre Aurora, cuando la encuentres, en señal de amable presencia cuando le rindas cuentas de tu feliz transitar entre las vicisitudes humanas …

 

Leopoldo Martin Ramos

 

 

 

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