¿MÁS DE LO MISMO? por Wilson Tapia Villalobos

TEXTO:  Wilson Tapia Villalobos

¿MÁS DE LO MISMO?

En los momentos de crisis, dicen que aparece lo mejor del ser humano. En muchos casos es así. Pero se calla que en tales circunstancias también asoma lo peor de nosotros mismos. Es de lo que estamos siendo testigos los chilenos. ¿Nuestra crisis es un cambio de paradigma, como afirman algunos estudiosos? ¿Es la aparición de una nueva conciencia, según sostienen exponentes de distintas corrientes esotéricas? ¿Es la adecuación inevitable a un cambio de época? Las respuestas surgen tan numerosas como las teorías. Pero hay que reconocer algunos datos esenciales.

 

A muchos, incluidos algunos de estos pensadores, los sorprendió la crisis. Otros, en cambio, creían que algo se incubaba. Pero ninguno tenía preparada una respuesta. Lo más llamativo es que las directrices políticas no existían. Ni siquiera había liderazgos capaces de representar el sentir popular que copaba las calles con consignas ajenas a la política. Esto hace presumir que el esquema actual efectivamente está superado. Los únicos que no parecen comprenderlo son los dirigentes tradicionales, que nuevamente comienzan a sacar la voz. Pero no son escuchados y sus análisis suenan fuera de lugar.

 

Y en este escenario, si bien todos parecen extraños, quienes pretenden seguir manteniendo posturas rígidamente conservadoras resultan aún más ajenas a la realidad. Como la presidenta de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Jacqueline van Rysselberghe, que advirtió que no entraría a ninguna conversación destinada a buscar la paz social explorando formas para elaborar una nueva Constitución, si antes no se pacificaba el país. Es no entender nada. O, dicho de otra manera, creer que todo sigue igual y que quienes hasta ayer manejaban el país lo siguen haciendo sin contrapeso.

 

Esto mismo se comprueba en los dichos de políticos de otro signo. Uno de ellos, es el ex candidato presidencial, Alejandro Guillier. El senador independiente pro radical, en lo que debería ser una acto de gran desprendimiento político, ofreció renunciar a su cargo si era lo que el país pedía. Él conoce claramente el sentir de la ciudadanía, que tiene a los parlamentarios y a los políticos, en general, en la escala más baja de distinción y apoyo. Ante esa realidad ¿por qué no renunció derechamente y dio un mensaje claro sobre la necesidad de una renovación? Pero, no, lo suyo era otra manifestación de más de lo mismo, solamente. Algo que se enmarca en esa política en que lo valórico, lo positivo, lo unitario, no es más que un compendio de frases hechas sin acciones que las respalden.

 

El ambiente convulsionado se ha mantenido desde mediados de octubre. Tiempo suficiente para que dirigentes sensatos hubieran dado respuestas coherentes con las demandas de la calle. Pero no ha sido así. La represión ha escalado y las explicaciones suenan vanas y frías. La cifra de jóvenes con sus globos oculares dañados por perdigones lanzados por la policía, suman ya más de 200. Enfrentado a ello, el general director de Carabineros, Mario Rozas, entrega un análisis de la actuación de la fuerza bajo su mando que suena rígido y sin conexión con la realidad que hoy vive Chile. Se resume en que la policía tiene por finalidad la mantención del orden público. Y para ello debe utilizar las herramientas que le permite la ley. Cuando se le hizo ver que los perdigones no son usados en diversos países por el peligro que involucran, respondió que se aplicaban de acuerdo a un rígido protocolo y que naciones desarrolladas los tenían entre las herramientas disuasivas de la policía. Sin embargo, no hubo explicación a por qué en aquellos países jamás se habían producido centenares de ciudadanos con sus ojos gravemente dañados.

 

Pareciera que tanto autoridades administrativas como líderes políticos aún no se plantean la posibilidad de un cambio de paradigma, la aparición de una nueva conciencia o los trastoques que trae aparejado el salto a una época civilizatoria diferente. Por eso es que las respuestas siguen siendo las mismas de siempre. Tal vez no están en condiciones de seguir manteniendo la conducción de la sociedad, porque ésta ya no les pertenece.

El presidente Sebastián Piñera acaba de dar la última muestra de lo que digo. Minutos antes de escribir esta nota, hizo su aparición ante las cámaras. El retraso de más de 30 minutos respecto de la hora anunciada hacía presumir ajustes de último momento en un planteamiento profundo. Sin embargo, se limitó a señalar la necesidad de lograr la paz, estimular la acción de la justicia y elaborar una nueva Constitución Política. Nada dijo respecto de los caminos a seguir. Evidentemente, su intervención careció de novedad. Y hoy resulta claro que la solución para la crisis actual no se logrará a través de lo ya conocido. La gente no quiere más de lo mismo.

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