LA SALAMANDRA VERDE Y EL BÚHO STRIGIDAE

Texto: Leopoldo Martin Ramos

 LA SALAMANDRA VERDE

Y EL BÚHO STRIGIDAE

Mi buhardilla se iluminó con la visita de mi Hijo Mayor.

Llegó, como lo hace con frecuencia, cargado de regalos y, esta vez, me trajo obsequios de mis otros Hijos y de mis Nietas… eran los obsequios de Navidad y de mi cumpleaños ochenta y tres…

Entre los regalos, una pequeña caja, que la distinguió diciéndome:

– “ Este te lo mandó tu Nieta, que viene      regresando de su viaje de estudios en el extranjero ”.

Contuve el entusiasmo y dejé el paquete aparte, para verlo luego, con calma y atención especial.

Conversamos un instante largo.

Fue una charla amable y cariñosa, que no desmiente las anteriores. Mi Hijo hubo de retirarse pronto por sus afanes de trabajo. Bajé hasta las Trancas de la Estancia donde está mi buhardilla a despedirlo, repitiéndole gratitudes y abrazándole con cariño, volviendo rápido para abrir mis obsequios. Regresaba contento por el regalo de mi Nieta, el cual no lograba imaginar.

  • ¡ Vamos … ! ¿ Dónde lo puse ? Estoy sordo y desmemoriado … ¿ dónde estás, regalo mío ?

( Me acordé de Violeta Parra, con sus versos “ Ven Acá Regalo Mío ”, y le puse melodía y sonido a las frases… Continué con la estrofa “ Que te quiero preguntar / ¿Donde estuviste anoche, que me hai hecho difariar? ” … )

Por más entonado que estuve, no logré ningún resultado …

Sin encontrarlo, comencé por inquietarme … ¿ Y si lo hubiese extraviado al salir a las Trancas de mis dominios … ¿ Cómo explicarle a mi Nieta que perdí su regalo ?

Contrariado comencé a dar vueltas; azorado, despejé libreros, revolví muebles, y barrunté donde pude haberlo dejado … mi “ pata de palo ” clamó tregua, y entonces me senté a cavilar.

Me acordé de mi Búho Strigidae y me aseguré que estaba en el sitio donde duerme en las mañanas, luego de su vigilia nocturna acostumbrada…

Se pone arisco cuando se le despierta a deshoras; empero, me atreví a soportar sus rabietas. Por hábito, logra solucionarme algunos problemas; total, es un varón que todo lo sabe… ( más propiamente, debo decir : es un ave que posa de sabihondo, y por lo general sus opiniones y consejos resultan acertados )

Toqué su hombro con un suave zamarreo, abrió sus grandes ojos dorados, frunció el ceño y refunfuñó:

– ¡ No es bueno despertarme antes del mediodía ! … tiene que ser algo muy importante para olvidarte de nuestro acuerdo: mi descanso matinal es el justo valor a trueque de una custodia nocturna tranquila y segura…

Luego de inquirir el motivo de mis berrinches, me espetó:

– Bueno, déjame quitarme las cobijas y te ayudaré a encontrarlo …

Me sorprendió su amabilidad ( la cual comprendí tiempo después, por razones que luego les contaré )…

Hizo unas genuflexiones, y comenzó a revisar los anaqueles con libros … se detuvo enfrente del estante en el cual mantengo mis archivos de consulta periódica …

-¡ Ah ja … ! ¿ Será eso, lo que estás buscando ?

Mostró la caja y tomó la pose que suele adoptar para sacarme de quicio: Su ala izquierda, en la espalda y con la derecha, tocándose el pecho a la altura del corazón… por cierto, el pecho inflado con ademán de prepotencia … ( ¡ Vanidoso, el Pajarraco… no lo soporto, a veces ! )

Agaché la cabeza en actitud contrita, caminé hacia el mueble para obtener la caja y la abrí.

Entonces, tuve en mis manos un regalo fabuloso: un modelo que reproduce la hermosa animal anfibia: una “Salamandra”. De tamaño similar a la especie real. Mi modelo tiene una estructura de escamas, con líneas de colores que la cruzan desde la cabeza hasta el final de su larga cola. De inmediato, un arrebato de entusiasmo que no logré suavizar, terminó en un pase de baile y un tararear “ tengo una mascota nueva; tengo una linda mascota nueva ” …

El Búho es mi mascota antigua … lo adquirí en una circunstancia especial, que no viene a cuento ahora, por unos escasos ochavos, y ha sido una compañía interesante y agradable; aún cuando tiene algunos comportamientos que me incomodan: es arrogante, sobre todo cuando corrige mis reflexiones, gusta hacerme bromas y las más de las veces hace alarde de conocimientos que yo no tengo, o los he olvidado… mi memoria resulta atolondrada y no tengo dudas que está disminuyendo con el tiempo…

Aún me incomoda la broma que me jugó el Búho… Si bien me pidió perdón por hacerla, debo agradecerle que no denostara la situación…

A sus travesuras, opone la honestidad de reconocerlas en buena ley. Las explica como su incapacidad para frenar la curiosidad. Eso fue lo que motivó la pérdida temporal del regalo de mi nieta: el Búho dormía cuando mi Hijo llegó a verme, y por respeto a él no se molestó por haberle despertado… En la circunstancia, se acomodó en su espacio de descanso y aparentó seguir dormido… la verdad es que escuchó toda la conversación, y cuando bajamos a las Trancas del Condominio, rápidamente hizo la pesquisa del regalo, y lo observó antes que yo lo abriera… como volví luego a mi buhardilla, no tuvo ocasión de ponerlo dónde yo lo había dejado, y lo ocultó en un estante donde le fue fácil encontrarlo cuando le pedí ayuda…

Mientras yo buscaba, inquieto, el obsequio, el Pajarraco revisó el Diccionario y se informó en detalles sobre la Salamandra Verde. Así, pudo darme cátedra sobre el tema, que le dio particular agrado conocer, sobre todo en sus comparaciones con la Salamandra Mítica …

Encontrar el regalo, me significó el consabido parloteo sobre el obsequio. No imaginé que el Pajarraco de marras fuera tan docto en el tema… recién, había terminado de alardear sobre la Salamandra, en cuanto animal real y criatura fantástica … dos manifestaciones distintas, cual de ellas más notable … la imagen suele representarla en su aspecto similar al animal real, si bien la criatura mitológica agrega el fuego, como elemento legendario.

Devané la sesera, buscando algo con lo cual apabullar al Búho, y recordé que en la casa de los Patrones de mi Madre, había una estufa, que la mentaban “ la salamandra ”… Era una caja de fierro fundido, que tenía una puertecilla enrejada regulable por la cual se le embutía leña de madera. Sujeta a cuatro patas, del mismo material, que alejaban el recipiente del suelo, y en la cubierta superior una abertura redonda de la cual salía un tubo de chimenea para expulsar el humo.

El Búho, que acostumbra a leer mis pensamientos, sin que yo le autorice… se posó sobre el grueso tomo del Diccionario que tengo en mi buhardilla, tomó su pose doctoral y declamó con la voz impostada que suele usar cuando quiere demostrar sus conocimientos:

– La salamandra que estás recordando, es una estufa que inventó Benjamín Franklin, allá por el año 1743, y se considera el primer sistema de calefacción moderna…

  • ¡ Ya, el Intruso… no puede dejar de ostentar sus conocimientos ! ( Comenté, con repulsa… ) ¿ a cuento de qué, tal derroche de sabihondo…? ( espeté, molesto por su arrogancia )

Sin inmutarse, limpiando su garganta con una carraspera, continuó:

– La salamandra animal pertenece a la Orden de los Urodelo, que identifica a los anfibios que mantienen toda su vida una cola, que la emplean para nadar; tienen generalmente cuatro extremidades y algunos conservan las branquias en estado adulto. Son más antiguos que ranas y sapos y los más unidos al ambiente acuático… Urodelos son las salamandras, tritones y sirenas …

Mis años, en su compañía, me aseguran que cuando el Búho encuentra un asunto que le gusta, resulta imposible interrumpirle y hacerle cambiar de tema… cual cántaro que escurre todo su contenido, hasta la última gota, mi apestoso Pajarraco logró tema para rato… sobre todo cuando abordó el asunto de la Salamandra Mítica…

  • ( El Búho continuaba su letanía: ) El romano Plinio, el Viejo, que escribió treinta y siete libros en su Historia Natural, allá por el siglo primero antes de Cristo, describió a la Salamandra Mítica, de la siguiente manera :

“ El animal es tan frío, que tocando el fuego le apaga, de la misma suerte que el hielo. Tocando cualquier parte del cuerpo humano con la ponzoña, que vomita como leche por la boca, se caen todos los pelos, y el lugar que fue tocado muda el color y se llena de lepra”…

Opté por escucharle y me arrellané en mi poltrona, confiado en que si la perorata resultaba tediosa, mi siesta de media tarde vendría a mi rescate…

Aconteció como lo previsto…

El Búho Strigidae, haciendo honor a sus inveterados discursos, parloteó largo rato… y en mi caso, cambié el sueño reparador de la tarde por una sarta de pesadillas que impregnaron mi memoria con fuertes recuerdos, los cuales una vez despierto, me dieron asuntos para mis lucubraciones…

Durante mi sueño, alterado por la verborrea del Búho, me alborotó una Salamandra, convertida en un Perro paticorto, deformado por sus patas convertidas en llamas de gran energía y calor… brincando sin quemarse y utilizándolas con el fuego para incendiar estancias… en medio de la zozobra generada por la escena, tuve la noción de Ronie, mi Poodle amigo, con su rostro amable, bondadoso y alegre; imagen con la cual logré suavizar mi intranquilidad.

Pero esta escena, cambió rauda y distinta: unos Bomberos – como aquellos de la obra de Ray Bradbury «Fahrenheit 451» – quemando libros, en lugar de salvarlos del fuego… me sentí impotente de aceptar tamaña barbaridad, y tomé mi pata e´palo, para arremeter con ímpetu contra esos perversos… falto de fuerzas, sólo atiné a balbucear improperios para esos malvados…

El cansancio produjo un aletargamiento grato, que me permitió rescatar una imagen agradable: una Salamandra Verde que se acercó tranquila a mi alcance … circuló alrededor de mi camastro y cambió varias veces el color de su piel; hizo gala de su capacidad aposemática, esa característica de cambiar patrones cromáticos y llamativos en la piel. Esos que usa como disuasión ante potenciales depredadores. Le permitía hacerlo, pero esta vez no eran defensivos … los colores eran viva manifestación de luminosidad que, confundidos en un solo atado, formaron una hermosa banda parecida al Arcoíris que me regaló mi Maga… aquel, que almacena los tesoros al interior de sus avenidas y no en el cántaro final donde se guardan las menudas gotas que destilan las nubes cuando el Sol ya no las tiñe durante las lluvias tenues… : así, las Niñas Hermosas pueden recorrer el camino de siete colores, recogiendo flores perennes y ambrosías de inacabables contenidos…

Han pasado varios días…

Pienso en mis Nietas: una trabajando hacendosa, con pinceles y telas; otra, buscando en su violín, las notas hermosas de una sinfonía; y la más pequeña aguzando ojo y pulso para tensar el arco… ¿ cual más hermosa, jovial y noble ? : todas a su manera y donaire …

Sus Padres, orgullosos y felices…

¡ Que tremenda escena ! … ,

El Búho StrIgidae, la Salamandra Verde, y el Abuelo casi sordo, escuchando embobados a “Carmina Burana”, y la “Oda a la Alegría” … fascinados con tanta belleza de sonidos, cantos, timbales y cuerdas… y el mensaje extraordinario de los versos …

Luego de cada partitura, ambas mascotas se trenzaban en una discusión intensa para definir qué frases escoger, por su fuerza emotiva, pasional y ética …

( es lo que asumo, al observar los gestos del estrafalario pajarraco y la hermosa animal anfibia… )

  • Es un canto a la Diosa Fortuna – fanfarroneó el Búho, en tono doctoral – ;

  • Es un himno al regocijo y la solidaridad – … dijo candorosamente la Salamandra cambiando el color de su piel por suaves tonos de un verde de floresta;

  • La vida de todos está en sus manos – porfió el Búho

  • El himno describe la Alegría con belleza y contenido – terció la Salamandra

  • ¿ A cuento de qué, tanto desenfado para resolver la cuestión ? ( Pregunto, a guisa de intervenir en el debate… )

Sorprendidos con mi consulta, ambos se miraron y con gestos de complicidad que logré advertir, amainaron el barullo y , más tranquilos, trazaron sus argumentos finales:

  • Escucha los versos de Carmina ( dijo el Búho a la par de adoptar la postura de un Trovador,   y engolado declamó: )

“ Un día, jugando,

entristeces a los débiles sentidos,

para llenarles de satisfacción

al día siguiente.

La pobreza y el poder

se derriten como el hielo.

ante tu presencia.”

( Salamandra no quedó en saga, y con dulce voz, recitó: )

“ ¡Alegría, hermosa chispa de los dioses;

hija del Elíseo!

¡Ebrios de ardor penetramos,

diosa celeste, en tu santuario!

Tu hechizo vuelve a unir

lo que el mundo había separado,

todos los hombres se vuelven hermanos

allí donde se posa tu ala suave ”.

Dieron por terminada su discusión, haciéndome creer que habían zanjado amigablemente su discrepancia… la actitud que adoptaron para volver a sus lugares de descanso me resultaron diferentes a las que adoptaban a diario … y quedé en la convicción de que ocultaban alguna barrabasada…

Acabo de recibir una invitación que me alborotó conmoviéndome de manera formidable: se presentaron en mi aposento íntimo la Salamandra Verde y el Búho Strigidae… El parlanchín hizo uso de la palabra ( no podía ser distinto… él no pierde oportunidad de ser “florerito de mesa”, como decía mi Madre para motejar a los que, vanidosos y petulantes, buscan sobresalir en alguna situación )

  • Sabemos que estás fastidiado porque no conoces el motivo de nuestra discusión sobre cual obra musical es más hermosa para hacer un regalo…

Con suave queja, la Salamandra le advirtió que era ella quién tenía que explicarme la situación.

( El Búho carraspeo, como excusa para ceder la charla siguiente … y entonces, Ella cambio el rosado de su rubor, por un suave azul de amoroso mensaje: )

  • Le he contado al sabio señor, don Búho, que tengo deseos de visitar a mis abuelos que viven en la Estancia Los Aromos, y él se ha ofrecido para llevarme en sus alas…

– Le he sugerido llevarles un regalo especial (interrumpió el Búho, atarantado por seguir con su parloteo )

  • Y nos estábamos poniendo de acuerdo en la canción que les cantaremos como nuestro saludo ( continuó la Salamandra, sin hacer caso del imprudente )

Se sintieron incómodos con mi silencio…

La verdad es que yo estaba confundido, y solo atiné a mover mi cabeza en señal de asentimiento. Entonces, ambos hicieron el canturreo inicial, para acomodar la garganta y encontrar el tono adecuado…

Cuando me dijeron que venían a hacerme oír el saludo que llevarían para los  Abuelos de la Salamandra, cambié mi asombro por una emoción muy grande… me sentí importante, por haber influido en sus decisiones, y mis ojos se llenaron de lágrimas…

Mis lentes biónicos, que me pusieron hace algún tiempo, se nublaron y temí que se oxidaran ( fue la excusa que  me invente a mi mismo, para superar el instante de chochera y no acusar los sentimientos íntimos a mis mascotas ) … cuando comprobé tener compostura serena y complaciente, me logré arrellanar en la poltrona …

Advertí que el acomodo de las voces tenían el ritmo de las canciones folclóricas de Víctor Jara, lo que me produjo otra alegría; las mascotas estaban acogiendo las sugerencias que les hice de preferir lo nuestro, lo autóctono, o los versos de Gabriela, Pablo u otros Poetas Grandes …

Se sintieron gratificados con mi complacencia, guardaron silencio un instante y luego en un hermoso dúo, les escuché canturrear :

“ Yo no canto por cantar
ni por tener buena voz,
canto porque la guitarra
tiene sentido y razón.

Tiene corazón de tierra
y alas de palomita,
es como el agua bendita
santigua glorias y penas.”

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