“LA GENTE MUY AFABLE” libro GENTE DE RADIO

Texto:  GENTE DE RADIO, Cap. 29

“LA GENTE MUY AFABLE”; LOS VENEZOLANOS DE ESPÍRITU MUY ALEGRE, MUY COMUNICATIVO Y MUY CONFIADO…

 

Ciro y Sonia describen las gentes, hombres y mujeres, con sus comportamientos y actitudes… ejemplifican la generosidad de los criollos venezolanos con un varón que les ayudó durante su prolongada permanencia de once años en Caracas…

(GENTE DE RADIO Nº 29) LEOPOLDO.- “Gente de Radio” …, un programa que busca conocer cómo ha sido la radiotelefonía a través de su gente…

Estamos entrevistando a Ciro Vargas Mellado y a Sonia Roa Mena, su esposa. Ciro, hemos hablado de la llegada a Venezuela, de la permanencia durante once años en ese país… ¿Por qué no nos hablas un poco sobre la gente venezolana… algo diferente a lo que fue tu experiencia en periódicos, revistas y diarios? ¿Cómo era la gente venezolana que les rodeó durante su permanencia en Venezuela?

CIRO VARGAS.- No pretendo, desde luego, hacer un comentario sociológico, pero sí puedo decir la impresión más inmediata que me causó y que me provocó siempre la permanencia mía… nuestra… allá en Venezuela.

La gente me pareció muy afable.., siempre… Fue una “llegada” muy fácil con ellos, por ese espíritu muy alegre, muy comunicativo y muy confiado en su relación con las demás personas… ¡Así me pareció siempre …!

Yo no tuve grandes conflictos con gente… con los criollos de allá, con los venezolanos… ¡No …!, más bien, en algún momento, con algún compatriota hubo diferencias por algún motivo, pero con los venezolanos no…

Para empezar… el reflejo más impactante de la personalidad del venezolano fue la experiencia que nos brindó el dueño del departamento en el cual vivimos nosotros los once años que permanecimos en Venezuela… Un hombre de una calidad humana realmente extraordinaria… Creo que ya hice una referencia a él, en otra de nuestras conversaciones anteriores… Lamentable y dolorosamente, falleció en forma trágica, accidental, y siendo todavía un hombre muy joven…

Pero, este solo ejemplo, lo refleja…: Cuando le dijimos nosotros que pensábamos cambiarnos de departamento, que le dejábamos el suyo para irnos a otro lado, porque estábamos pensando eso, al conocer su situación…

Él nos dijo: “Yo no quiero…”. -¡Ah!, porque el nos dio cuenta que se veía en la necesidad de vender el departamento porque pasaba por una mala situación económica y entonces nosotros dijimos: bueno, buscaremos donde irnos …-

“Pero, antes de eso –dijo-, antes de vender el departamento yo tengo que ubicarles otro donde ustedes se vayan a vivir… Yo compraré un departamento de menor valor, más pequeño” –porque el que ocupábamos nosotros, era como para que vivieran, ¡que se yo!, seis personas, y vivíamos nosotros dos solos, ahí-. “Entonces –insistió-, yo les voy a comprar un departamento a gusto de ustedes, porque no quiero que vivan ni un minuto la incertidumbre de no tener donde irse”…

Esa actitud, refleja la calidad y la condición humana de este hombre excepcional…

No fue necesario nada de eso, porque él después desistió de la venta y seguimos viviendo en ese departamento donde nos habíamos ubicado desde los primeros tiempos de nuestra residencia…

Bueno, el hombre que nos proporcionaba, que nos vendía los diarios, los periódicos, en la parte baja del edificio donde residíamos… también, era un hombre de una calidad especial… Era un señor de varios años, ya… de tez negra, tez oscura… pelo canoso y cada vez que nos encontrábamos –los días domingo, cuando bajábamos a comprar los diarios-, siempre había un diálogo con él…

Una vez nos dijo: “Quiero que ustedes sepan que aquí ustedes son dueños de un pedacito de Venezuela, por el hecho de ser yo venezolano… Yo les brindo esta parte de nacionalidad a ustedes… siéntanse como en su casa, como en su país…”.

Era un hombre… un filósofo, así… como suele ocurrir, encontrarse con personas profundas en su pensamiento, pero al mismo tiempo… gente sin gran intelectualidad, pero con tremenda profundidad en sus expresiones… en sus opiniones… Era un… auténtico, auténtico venezolano con el cual uno se sentía tan grato conversando… porque con una gracia, con una bonhomía… con una calma con la que conversaba, que lo invitaba a uno a permanecer gratamente acompañado de él…

LEOPOLDO.- Sonia, tu relación con la mujer venezolana ¿tiene algún matiz especial que quisieras compartir?

SONIA ROA.- Si, desde luego… Es muy desenvuelta, muy abierta… una mujer, sobre todo bella, hermosa porque así Venezuela ha ganado tantos títulos de belleza ¿no?… por sus mujeres …

Pero, no todo es cirugía, porque las nativas de allá son una mezcla… del negro con la europea, con la latina… entonces, es una mezcla muy hermosa… muy linda… de piel canela, de andar cimbreante… Ellas son muy desenvueltas…, ellas visten cómodas, no andan preocupándose de andar a la moda… Ellas no, quieren estar cómodas y visten atendiendo a su clima… Eso es lo que te puedo decir de la mujer venezolana: muy hermosa y muy auténtica…

LEOPOLDO.- En una conversación anterior, Ciro, tu hablabas de este gran amigo que les arrendó su departamento, que él compró a su vez el lugar donde instalar su propia casa y allí un árbol fue protagonista importante, ¿Qué fue… que tuvo presencia al momento de su muerte …? ¿ Recuerdas esa situación?

CIRO VARGAS.- Si, fíjate que supimos nosotros, ya después de algunos años de haber regresado… por la hija de nuestro amigo, Victor Pacheco…: Él ya se había establecido –después que nosotros nos vinimos, entiendo que siguió arrendando o vendió el departamento y se fue con su mujer, con su familia, a vivir a un pueblo próximo a Caracas…- en San Antonio de Los Altos, un lugar muy hermoso… Él allí construyó su casa y formó su nido familiar en ese lugar…

Bueno… ocurrió –lo vinimos a saber después, porque la hija averiguó, no sé por cual vía, donde ubicarme- que llegó a la Universidad un correo a nombre del Rector. Y en ese correo electrónico la hija de nuestro amigo Víctor Pacheco Belean, contaba que su padre había muerto en un accidente…

¿Cuál fue ese accidente? Dice que estaba… -bueno, nos contaron en forma más extensa a través del teléfono- estaba haciendo unos trabajos de arreglos del lugar en el patio de la casa para instalar o construir un estacionamiento de su vehículo y por alguna extraña razón o motivo, un gancho grande del árbol en torno al cual estaba trabajando se desprendió y le golpeó brutalmente en la cabeza y lo mató en forma instantánea… Ésa fue la forma en que un hombre de esta bondad, de esta calidad humana, encontró la muerte.

Él era muy amante de la naturaleza… y eso fue. ¡fíjate!, lo irónico de la situación…

Muchas veces salimos juntos, por los caminos de Venezuela, en su vehículo. Nos invitaba siempre a pasear. Y era capaz de detenerse para evitar que una rama que estaba enferma, por ejemplo, permaneciera en un árbol… Se detenía y arrancaba los insectos o atendía el daño que le estaban causando… preocupado de la naturaleza en todos sus detalles… cuidando la planta, la flor… el árbol…

Y fue justamente un árbol el que lo mató…

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