ANIVERSARIO Por Wilson Tapia Villalobos

TEXTO: WILSON TAPIA VILLALOBOS

ANIVERSARIO

Wilson Tapia Villalobos

El primer aniversario del estallido social ha mostrado que lo que se vio hace un año sigue latente. Las demandas aún no han sido resueltas y cuando se escucha la voz oficial, lo que dice pareciera no tener nada que ver con lo que quiso visualizar la gente que se manifestó masivamente aquella vez, y que de nuevo hoy llegó multitudinariamente hasta la rebautizada Plaza de la Dignidad.

Es cierto que las soluciones a los problemas sociales no se logran en plazos cortos, pero hay gestos que permiten apreciar la sensibilidad de quienes tienen la obligación de entregar respuestas satisfactorias. Nada de lo que se prometió hace un año se ha cumplido. En eso el gobierno y la clase política, en general, se encuentran en deuda. Y es otro factor que debe haber influido en la movilización que se desarrolló hoy.

Pareciera que quienes ejercen el poder en Chile se hubieran quedado anclados en un pasado que sólo conocen -si es que conocen su origen- por lo que detalla la historia, que se remonta a los tres monos sabios: Mizaru, Kikazaru e Iwanazaru, una escultura de madera tallada en el siglo XVII y encontrada en Toshogu, al norte de Tokio. De allí se supone que surgieron estas tres imágenes con un mensaje conductual que ha tenido fuerte impacto en Occidente. Mizaru (sus manos cubren los ojos) no ve la maldad, porque de hacerlo puede afectar su proceder en la vida; Kikazaru (sus manos tapan los oídos) no oye nada relacionado con la maldad, para no influir en los demás; Iwanazaru (sus manos tapan la boca) no habla de la maldad, para no trasmitirla. Se supone que estas imágenes fueron inspiradas por el pensamiento de Confucio. También se considera una posible relación entre estas tres imágenes y los tres filtros de Sócrates: Verdad, Bondad, Necesidad.

El objetivo buscado por Sócrates serías similar al de las imágenes japonesas, ya que representan un estado cercano a la iluminación, en que el ser humano ha superado todas las contingencias cotidianas. Seguramente, para una gran mayoría es un estado deseable, pero difícil de lograr en un mundo como el actual. Y menos guiar la actuación de autoridades obligadas a analizar, comprender y resolver los problemas de quienes están bajo su férula.

El ámbito en que ejercen el poder los dignatarios chilenos estará delineado por los conceptos y cifras que entrega el doctor Sergio Morales (74), jefe de la Unidad de Trauma Ocular (UTO) del Hospital Salvador. En entrevista realizada recientemente, dio detalles de lo que le ha correspondido, a él y a su equipo, vivir como consecuencia de la represión policial. Entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre de 2019, debieron atender a 259 personas con traumas oculares provocados por perdigones o golpes provenientes de personal policial. En su mayoría eran hombres de entre 20 y 30 años. Afirma desconocer si hubo efectivos policiales o militares con lesiones similares, ya que estos se atienden en sus hospitales institucionales.

El doctor Morales afirma que jamás, en sus 42 años de experiencia profesional, había vivido una experiencia así en Chile y asegura desconocer que algo similar haya ocurrido en el mundo. Además, afirma que se encontró con otra aterradora sorpresa. Había atendido a personas con heridas provocadas por los perdigones policiales en incidentes ocurridos en la Araucanía. Eran heridas ocasionadas por perdigones de un diámetro de dos milímetros. Ahora los perdigones eran de ocho milímetros y no sólo perforaban el ojo, sino que lo hacían estallar. Señala que debido a esta dramática realidad, Carabineros decidió no seguir utilizando ese tipo de armas, ya que se encontraban fuera de los límites existentes en cualquier lugar del mundo.

Esta es parte de la realidad chilena que las autoridades parecen no querer ver. Algo similar a las cifras que manejan del conglomerado social. Cuando les corresponde abordar ese tema al ministro del Interior, Víctor Pérez, o el de Hacienda, Ignacio Briones, o al presidente Sebastián Piñera, lo hacen con guarismos que no reflejan la verdad de la sociedad chilena. Dicen, por ejemplo, que el 57% de los chilenos pertenece a la clase media. La realidad es que en ese estamento se encuentra sólo el 20%. Su estimación acerca de la clase acomodada es que se trata del 18 % de la población. La realidad es que sólo el 3% ocupa ese estatus. Finalmente, la versión oficial asegura que el 25% forma la clase baja. La realidad es bastante diferente. El 77% de Chile es pobre.

       El recuento de este aniversario es triste, pero deja meridianamente claro que la gente que se manifestó hace exactamente un año, volvió a hacerlo hoy. Y lo hizo pacíficamente. La violencia no provino de ellos. Y ese también es un tema que le corresponde a la autoridad dilucidar, pero sin aplicar una violencia mortal o que discapacita que tanto critica, pero que no deja afuera de sus protocolos ni castiga.

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