A horas del Año que se va…y del Año que viene…

TEXTO: LEOPOLDO MARTIN RAMOS

A horas del Año que se va…

y del Año que viene…

Saliéndose de la berma que tiene lindes con la nostalgia, para perderse en la memoria que enajena, el Año que tuerce su camino para retirarse de su rastro, entona una letanía que tiene sonido y sentido de ruego: “ te dejo el encargo de tratar a las muchedumbres de mejor manera a cómo yo lo hice durante mis días ”

El que pronto llega: ¿alcanzará a oír la petición añosa?, ¿ entenderá el ruego ?, ¿ aceptará la tarea como el afán primero ?

Es de frecuente acontecer que quién llega a recibir el Testimonio para continuar la marcha inexorable, tome la vara destinada a medir el Tiempo, observar su tamaño y preguntar: ¿dónde quedó la experiencia dura?

Habrá un instante… un segundo, o quizás menos…

No todos los relojes del mundo lo aprisionarán en el mismo momento por estar en latitudes diferentes … entonces, hay espacios en los cuales, ruegos y preguntas resultarán silenciosos y sin ruido…

Según hora y lugar, el Año que llega, tendrá que improvisar comportamientos, formular letanías nuevas y concebir promesas aceptables…

¿ Por qué presumir que todo viene en las alforjas del caminante que llega, para que las promesas y desconfianzas tengan la dimensión mágica de la esperanza ?

¿ Por qué aguardar el vuelo de las golondrinas para aceptar el verano, si el invierno tiene, también, ambrosías y jolgorios ?

¿ Por qué otear el horizonte a la espera de enviar con las grullas migratorias el mensaje de amor para la distante persona amada que desea un recuerdo ?

¿ Por qué no elegir el instante más noble del mañana, el hoy o del ayer – cualesquiera sea el orden que quiera darle – para aprisionarlo en el recuerdo más fuerte de los arcones virtuosos ? y ¿ Por qué no hacer de esa evocación un relicario que brille en el pecho con orgullo de ser el genuino sentimiento de amor ?

Los inicios del transitar del Año Nuevo, solamente son el jalón para medir la especie de Vida por cimentar. Por alguna circunstancia, ésta encaja en molduras del Año viejo, necesarias de erradicar o enriquecer.

Reconocer las nervaduras, origen, fuerza y tamaño de su vigencia, es tarea propia; como lo es, también, la decisión y empeño para solventarlas, y el momento para el iniciar el quehacer.

 

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1 Response

  1. Leopoldo Martin dice:

    Un comentario de una Poeta Grande que nos gratifica sobremanera. Gracias por la excelencia de sus decires:

    “ Amanda Fuller

    Excelente. Para releer. Por lo menos que la humanidad se detenga unos segundos a meditar y , más aún, tratar de hacer mejor cada acción.
    Que los propósitos se prolonguen en realidades
    como el aporte de cada cual para reconocer la bondad del planeta en que vivimos y su generosidad para darnos el pan, la semilla, la belleza…
    Ya comentaré otras ideas sobre el hermoso mensaje de «Arocoiris». “

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