MÚSICA DESAFINADA Por Enrique Fernández

TEXTO:  ENRIQUE FERNÁNDEZ

MÚSICA DESAFINADA

Por Enrique Fernández

Cuando en vísperas de Año Nuevo nos dijeron que no cantáramos, la Subsecretaria de Salud Paula Daza fue blanco de todo tipo de bromas. Es que nadie podía creer que fuera real semejante intervención en la alegría de las fiestas de fin de año.

Sobre todo, un año tan desastroso marcado  por el coronavirus y la crisis económica.

– Es que cuando alguien canta y alza el volumen de la voz, puede expulsar gotitas que contengan el virus”, explicó entonces la doctora Daza, con su habitual buena disposición para aclarar los líos en que se mete el Gobierno. Las autoridades no consideraron que “quien canta su mal espanta”, como decía Margot Loyola. Tampoco recordaron que “si se calla el cantor, calla la vida”, como agregaba Mercedes Soza.

Dos semanas después, en pleno año 2021, en la tercera década del siglo XXI, el Gobierno prohibió la música en los bares, restoranes y otros lugares públicos dentro del plan Paso a Paso, para combatir la pandemia del coronavirus. Lo mismo que en el tango “Silencio”, de Carlos Gardel, todas las comunas que se hallan en cuarentena, transición o preparación, tendrán que bajar el tono.

Los trabajadores de la música popular quedaron estupefactos. Después llegaron a la conclusión de que la autoridad no tiene dedos para el piano, porque otra cosa es con gitarra…. Un potente sonido del clarín los llamó a formar un gran coro de cantantes, disc jockeys, guitarristas, pianistas y otros trabajadores de este bullicioso gremio.

Fue el momento de salir a escena, para denunciar este atentado a la cultura. Más aún, exigieron que la ministra de la cartera, Consuelo Valdés, se vaya con su música a otra parte, y demandaron el término inmediato de la prohibición musical.

La algarabía que se armó fue de tan altos decibeles, que el Gobierno se dio cuenta de que estaba más desentonado que Florcita Motuda o Luis Jara.

Al día siguiente la autoridad retrocedió, bajó el volumen y, en menos de lo que tarda un acorde, dejó sin efecto la prohibición. Pero al mismo tiempo aclaró que la medida se mantiene, no como una prohibición sino como “recomendación”.

Para que el tema quede claro como el agua, un comunicado oficial explicó que después de “conversar con diversos sectores relacionados con el rubro, tales como músicos y dueños de locales, se ha decidido dejar esta medida como una recomendación».

Es decir, se sugiere no escuchar música ni cantar.

Que nadie se llame a engaño y vaya a creer que le están prohibiendo mostrar sus habilidades artísticas, como si viviéramos bajo una dictadura. Lejos quedaron los tiempos aquéllos en que los militares quemaban libros de García Márquez o Pablo Neruda y prohibían la difusión de canciones de Violeta Parra, Víctor Jara o Silvio Rodríguez.

Hoy vivimos en tiempos de democracia, donde el presidente y sus ministros son como una gran orquesta. Una orquesta que con frecuencia pierde el ritmo y desafina, mientras el público pide que le devuelvan las entradas.

El director de la orquesta, ajeno a estos pequeños detalles, prefiere quedarse con aquella balada de Alberto Plaza que proclamaba: “Yo no puedo ser perfecto, tengo miles de defectos…”.

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