NEGATIVISMO Por Wilson Tapia Villalobos

TEXTO: WILSON TAPIA VILLALOBOS

NEGATIVISMO

Wilson Tapia Villalobos

La pandemia ya no es sólo un daño a la salud de todos. Con el paso de los meses -va más de un año-, para algunos ha comenzado a tomar otro cariz. El negocio del delivery escala hacia las nubes, mientras empresas establecidas -mini y medianas- van directo a la ruina; la pérdida de empleos surge como otra pandemia, pero de carácter social, que golpea primero a los sectores más vulnerables pero se extiende aceleradamente a la clase media; los estudiantes, desde los párvulos hasta los universitarios de distinto grado, ven amagadas sus posibilidades, y las medidas de prevención sanitaria -indispensables- no hacen más que ahondar sus dificultades. Sin duda, la pandemia trae más problemas que se suman a los ya existentes en una sociedad tan desigual como la chilena.

Pero el mundo sigue girando, ésta no es la primera pandemia que ha enfrentado la Humanidad que, como todas las especies animales, se encuentra expuesta a los designios de la Naturaleza. Sin embargo, la situación no es mala para todos. Ya mencioné el caso del delivery y podría agregar que para algunos el trabajo a distancia no es una situación compleja, aunque habrá otros, especialmente mujeres, que se sentirán perjudicados por el ensamblaje, no siempre bien logrado, entre las obligaciones profesionales y las demandas caseras. En todo caso, insisto en que el Covid19 no es la primera -e imagino que tampoco la última- amenaza a la salud global que deberemos soportar.

Sin embargo, hay quienes ven tras ella un destino dramático que acaba con la especie humana. Este miedo a la muerte ha servido a algunos que exacerban esa condición natural de padecimiento a lo desconocido. Entre ellos están medios de comunicación masivos -incluidas las redes sociales-, que no escatiman palabras ni horarios para sostener y aumentar el temor de sus auditores, televidentes o lectores.

Prácticamente desde la aparición de nuestra especie, el miedo ha sido usado como herramienta de sometimiento. Y hoy nos tratan de volver a ubicar en el papel de cobayos, de ratones de laboratorio. Uno de los objetivos que se persigue es aminorar los efectos de la pandemia, pero para nadie puede ser un misterio que habrá otras consecuencias.

Es imposible desconocer que el virus llegó justo en el momento en que sobre el sistema neoliberal en que vivimos caían andanadas irresistibles de condenas en todo el mundo. Si ambas cosas están vinculadas, seguramente será la Historia la que lo determine. Por el momento sólo podemos limitarnos a señalar la coincidencia. Y destacar como los medios, en especial la TV, se esmeran por hacer que el miedo escale ojalá a un terror que, inevitablemente, desembocaría en el distanciamiento entre los integrantes de la especie. Como consecuencia de ello, el aumento de las dificultades para alcanzar acuerdos que permitan seguir protestando, y hacer coincidir las demandas que pretenden que el sistema de vida sea un poco más humano y menos comercial. En otras palabras, que la economía esté al servicio de la subsistencia de todos y no como ocurre actualmente, en que unos pocos amasan descomunales fortunas mientras la mayoría queda sumergida en el mar de dolor que provoca la incerteza de cómo enfrentar el diario vivir.

Parece estar claro desde hace milenios: el miedo, finalmente, lleva al “sálvense quien pueda”. Lo cual, en momentos de crisis, se traduce en el desesperado afán de nadar hacia una costa que aún no se divisa, sin importar que en el esfuerzo por lograr mayor rapidez en cada brazada haya que hundir hacia el fondo a otro náufrago que se esmera en el mismo intento. Al trasladar esa imagen al escenario actual, resultaría imposible otro estallido social, aunque las condiciones negativas hayan sido ahondadas.

Y si los medios de comunicación -especialmente la TV- son propaladores de pánico, la pregunta obvia es ¿a quién beneficia tal estado de cosas? ¿Quiénes son los dueños de los medios? La respuesta es inmediata: los dueños del país, las grandes fortunas, los poderosos empresarios que guían los pasos a los distintos gobiernos, y que cuando alguno intenta utilizar la fuerza del Estado para tratar de emparejar el camino que lleva a un trato igualitario, es derrocado. Y para ello se sirven de la fuerza que ha sido creada, educada, y alimentada con valores afines. El caso de Salvador Allende es especialmente válido como ejemplo para reafirmar esta aseveración.

El intento de propagar masivamente el miedo no es casual. Y ya da buenos resultados. El presidente Sebastián Piñera elevó su alicaída estimación popular a un 19%. Y eso se produjo después del anuncio de que Chile tenía asegurada vacunas contra el Covid.

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