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FERNANDO MAY Y SU PRIMER POEMARIO

TEXTO:  ALICIA ROMERO

FERNANDO MAY Y SU PRIMER POEMARIO

Fernando Francisco May Boullon (Chillán, 1953), ingeniero forestal, agricultor, poeta y gestor cultural. Su formación profesional fue en la Universidad de Chile. Hijo de Fernando Francisco May Colvin y de Huguette Lily Boullon Chiarella.

Desde el año 2007 comenzó a participar en actividades e instituciones culturales de su ciudad natal. Perteneció al Grupo Literario Ñuble, del cual fue su presidente en el período (2016 – 2019). Desde esa institución participó de lecturas, talleres y del festival Chillán Poesía. También formó parte de la comisión, en la cual se logró llevar hasta la tierra de Brunet y Teitelboim, al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.

En el año 2014, Fernando May ganó el concurso de poesía, organizado por la Corporación Artistas del Acero, de Concepción. Su poesía hasta ahora había sido incluida en la revista Medio Rural: en el libro Hijos del Bío Bío (2010) y en la Memoria literaria. Antología del Grupo Literario Ñuble (1963 – 2017) (2017).

Actualmente, May es director de la Corporación Cultural Municipal de Chillán y Director de la Corporación Centro Cultural Casa Gonzalo Rojas.

En el año 2020 ha publicado su primer poemario: El patio del malamado. Un libro en que muestra en uno de sus capítulos, fragmentos de la vida de una familia de inmigrantes en el Chillán del siglo XX. De esta primera obra hemos reparado, antes que nada, en la historia familiar tan ligada a la historia de Chillán. De su poema El Éxodo, unos versos: “Enero del 39, está temblando en Chillán. / Está temblando en Dichato, / la tierra se desmadra / el derrumbe del adobe hace a las gentes rezar. / Los caminos se han cortado, / no pueden los autos pasar. / La familia está dispersa ¿cómo se pueden juntar? / Ya viene Fernando Pedro con su apero caballar, / viene cruzando los cerros / de la montaña hacia el mar, / para ese padre de veras, su prole hay que cuidar, / los trae de vuelta al Mono, ya no hay casa que habitar”.

De otro poema, una especie de oda a su abuela-madrina, A Marta Colvin: “No sabían la arcilla, la piedra y la madera que vendría / Marta a rescatarlas de sus cunas inertes”.

Y en otro de sus poemas, encontramos la huella que hollaron nuestros abuelos ñublensinos, titulado: Estupendo buffet, regia orquesta. “Aquí, justo en el centro del valle, / donde el invasor fundó lágrimas fronterizas, / aquí moramos los hijos encantados / de la silla del sol. / Aquí nuestros antepasados nacieron / esperando pertrechos, / y sus hijos en el acopio / germinaron mercado y aprendieron / a esperar menguantes y crecientes / …” y más adelante: “ Hoy después que el planeta giró / cuatro veces cien, / nuestra ropa sigue oliendo a humo…” .

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