LA PROFESORA DE LAS MALAS PALABRAS Por Enrique Fernández

TEXTO: ENRIQUE FERNÁNDEZ

LA PROFESORA DE LAS MALAS PALABRAS

Por Enrique Fernández

El Colegio Mayflower de Lo Barnechea, en una de las zonas más “cuicas” de Santiago, entrega a sus profesores y apoderados una guía para controlar las emociones y enfrentar la vida con ánimo constructivo. Pero la profesora de las malas palabras olvidó esa guía y se desahogó.

Convertida en una metralleta verbal, lanzó una ráfaga de groserías del calibre más grueso que usted pueda imaginar, para describir, en una conversación telefónica, las dramáticas condiciones en que debe cumplir a diario su tarea educativa. Olvidó por cierto una de las indicaciones de la guía, que recomienda a la comunidad del Mayflower School rezar y “buscar un momento del día para estar con Dios”.

“Esto nos permite saber –afirma la guía- que existe alguien superior a nosotros/as, en quien podemos descansar y encomendar nuestras preocupaciones, nos da seguridad y nos hace sentir cuidados/as”.

Nada de eso tuvo en cuenta la profesora de las malas palabras. En lugar de encomendarse a alguien superior, pensó en las dificultades de dirigir un curso de 28 alumnos, la mitad de ellos en la sala de clases y la otra mitad en sus casas, vía online. Matizando sus descripciones con un amplio repertorio de chilenismos, en su íntimo coloquio por WhatsApp, nunca sospechó que alguien enviaría el audio de la conversación a las insaciables redes sociales, siempre ávidas de escándalos.

Confiada o ingenua, fue relatando como, mientras los niños del sistema presencial atienden la clase en la sala, los alumnos online desde sus casas la llaman: “¡Miss, misss, miss!”. Los bloquea para no oírlos, pero aparecen otros: “¡Miss, miss!”… Y después de 45 minutos vienen 15 minutos de descanso.

“Almuerzan en la sala, no pueden hablar… La colación también se la comen en la sala con nosotros, no pueden hablar… A las 12 se dormían arriba del escritorio… Onda, yo no sabía qué hacer”, relata en el audio.

“Los de la casa (online) no te pescan nada, nada. Onda, se sacan los mocos, juegan PlayStation… Imagínate, yo no puedo estar pescándolos así a todos, ¿cachai? ¡No… es atroz!”, dice la profe.

“Tengo que gritar de alguna forma y no te explico cómo tengo que gritar –agrega-, porque está el computador. Y el micrófono para mí está en el computador. Entonces, ayer los niños que estaban en la sala me decían: “Miss, por favor no nos grite”. Y el que estaba en la casa me gritaba: “¡Miss, es que no la escucho!”.

A estos detalles se suman los reclamos de algunos papás: “Oiga, miss, mi hijo no se puede conectar”. O alguna mamá, alegando que su hijo está con dolor de espaldas, porque todos los días tiene que volver a su casa con el peso de sus cuadernos (que son cuatro, según la profe).

Cuando las autoridades del Mayflower supieron que se había filtrado este audio, como una mancha para su imagen de educación de alto nivel, optaron por la solución más sencilla: despidieron a la profesora de las malas palabras. Sobre todo, por sus malas palabras.

Triste episodio para un colegio de élite que nació hace 38 años. Fue en 1983 cuando sus fundadores anunciaron cuáles serían sus principios: “El amor a Dios, a los demás y a uno mismo, el respeto, la honestidad, responsabilidad, solidaridad y la alegría de saber hacia dónde vamos y que triunfantes llegaremos, serán algunos de los valores que inspirarán el quehacer diario de nuestro Colegio y sustentarán su Filosofía de una vivencia cristiana”.

¿Son éstos los valores que motivaron el despido de la profesora? Lo que inquieta a los sostenedores es el prestigio de un colegio donde el arancel anual de primero a cuarto medio tiene un valor de $ 5.412.000 (cinco millones cuatrocientos doce mil pesos) y el arancel mensual es de $ 541.200. Con dos aranceles mensuales es posible financiar el sueldo de un profesor para un curso de 28 alumnos.

Pero la desvinculación de la miss provocó un incendio en las redes sociales, desde una declaración de apoderados del Mayflower en desacuerdo con la medida hasta un pronunciamiento del Colegio de Profesores que respalda a la educadora.

“Sentimos que lo correcto hubiese sido amonestarla en privado y zanjar el problema, pero la decisión de desvincularla ha generado una pésima imagen del colegio frente a la sociedad y se contrapone a los valores católicos que promueve el establecimiento”, señalan los apoderados en su declaración.

El Superintendente de Educación, Cristián O’Ryan, prefirió no pronunciarse sobre el tema, al asegurar que no corresponde al ámbito educacional sino “a la Dirección del Trabajo”. En esta línea, el funcionario sigue los criterios del Presidente Sebastián Piñera, que ha definido la educación como “un bien de consumo” y una “industria”.

A nadie parece sorprender el lenguaje vulgar de la profesora en su desahogo. La coprolalia forma parte de nuestra cotidianeidad y usted puede escuchar palabras soeces a cualquier hora del día o de la noche en la televisión, en el Metro, en el bus, en las oficinas del banco o en una sala de clases.

Tampoco es un asunto que preocupe el deterioro de la educación, cuya calidad viene decayendo de modo alarmante desde que la dictadura de Augusto Pinochet eliminó la Filosofía, la Historia y la Educación Cívica de los programas de estudio. Después vinieron las revueltas estudiantiles, donde también el Mayflower fue objeto de una “toma”, el 5 de septiembre de 2017.

«Lamentamos informar que un grupo de alumnos de 4° Medio en estado de ebriedad, alrededor de las 9 horas de hoy, hizo ingreso forzado al colegio a través de las rejas, intentando ejecutar una mal llamada ‘toma'», dijo entonces el colegio, en un comunicado.

Ahora en cambio, tras el despido de la profesora de las malas palabras en tiempos de pandemia, ha preferido guardar silencio.

Aquí puede escuchar el audio de la miss, sin censura.

https://youtu.be/bTmvKT5A8nU

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