LA DECISIÓN DE JAVIERA Por Enrique Fernández

TEXTO: ENRIQUE FERNÁNDEZ

LA DECISIÓN DE JAVIERA

Por Enrique Fernández

Las redes sociales lapidaron a Javiera, cuando la actriz y gestora cultural se integró al equipo del candidato presidencial derechista Ignacio Briones. Entre andanadas de insultos, sus detractores la acusaron de “traidora” y le recordaron su doloroso pasado, como miembro de una familia de intelectuales comunistas.

Javiera Parada Ortiz nació cinco meses después del golpe militar que interrumpió la democracia en Chile. Aún no cumplía dos años cuando su abuelo materno, el profesor de la Universidad de Chile Fernando Ortiz Letelier, fue detenido por agentes del Estado y pasó a integrar las listas de más de un millar de desaparecidos.

Y a los 11 años perdió a su padre, el sociólogo José Manuel Parada, el que le contaba cuentos por las noches, antes de dormir en su antigua casa de El Arrayán. Fue secuestrado y degollado por un comando de Carabineros junto al profesor Manuel Guerrero y el publicista Santiago Nattino, el 29 de marzo de 1985.

Sus abuelos paternos, el actor Roberto Parada y la actriz María Maluenda, fueron pioneros del teatro en Chile y durante la dictadura de Augusto Pinochet se comprometieron en cuerpo y alma con la defensa de los derechos humanos. Desde ese entorno familiar, Javiera Parada salió a enfrentar al mundo como miembro de las Juventudes Comunistas, primero, y luego como integrante del Frente Amplio, del que se marginó en noviembre de 2019. Entre otras razones, porque no estuvo de acuerdo en impulsar una acusación constitucional contra el Presidente Sebastián Piñera.

“Yo no soy nadie para hacerte reproches, pero son cientos de miles de nadie, millones de nadie que vemos los rostros de los muertos cubriendo el horizonte”, le escribió el poeta Raúl Zurita, después que Javiera se sumó al equipo del candidato de Evópolis y ex Ministro de Hacienda de Piñera. Más duro fue Camilo Parada, su hermano y candidato a la Convención Constituyente, quien le advirtió que Ignacio Briones “fue parte de un gobierno asesino”, en alusión a los muertos durante el estallido social de octubre de 2019.

Otros detractores la acusaron de oportunista, porque aceptó entregar una asesoría comunicacional al gobierno de Piñera, por la cual recibiría honorarios del orden de los 25 millones de pesos.

El actor José Secall, tío de la actriz, también le reprochó su alejamiento de sus raíces ideológicas y su aproximación a la derecha, pero, a diferencia del poeta y Camilo, en una emotiva carta admitió que “es su decisión y duele, pero es su derecho”.

“Javiera: cuando nos encontremos te abrazaré, como siempre, deseando que ese abrazo sea el punto de partida para una nueva conversación, difícil pero franca, sobre todo esto”, agregó el actor. Y aunque Secall utilizó las redes sociales para publicar el mensaje a su sobrina, reconoció que esas redes son el receptáculo donde cada uno “vomita lo que quiere, ofende groseramente y escupe en la cara a quien quiere”.

Es lo mismo que pensaba el escritor y filósofo italiano Umberto Eco, para quien las redes son el refugio de los necios, como un bar lleno de ebrios a las tres de la mañana.

“El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad», afirmó el autor de “El Nombre de la Rosa” en declaraciones al diario español ABC, poco antes de morir en febrero de 2016.

Javiera no se hizo cargo de lo que dicen las redes. Sin embargo, lo que piensa y siente la actriz de “La Torre 10” y otras teleseries, quedó plasmado en una entrevista con el escritor Cristián Warnken, en junio pasado, dentro de un ciclo de conversaciones que organizó el ICARE (Instituto Chileno de Administración Racional de Empresas).

Durante una hora y media de conversación con Warnken, la actriz recordó su niñez y juventud “en medio de los horrores de la dictadura”, rodeada de gentes que “amaban la vida y amaban a los seres humanos”. En ese ambiente comprendió que “hay momentos difíciles donde te tienes que acercar incluso a tu adversario para poder conversar, para poder destrabar situaciones que pueden ser tan traumáticas como las que vivimos en Chile a raíz del quiebre del diálogo político” en 1973.

“Hay razones muy válidas para que la gente tenga desconfianza del diálogo. En este país, durante mucho tiempo, ha habido grandes sectores excluidos del diálogo: Los trabajadores no han tenido la capacidad de negociar en igualdad de condiciones con los empresarios, los estudiantes llevan manifestándose desde el año 2006 por una educación justa…”, afirmó en la entrevista.

“Y por otro lado –agregó-, los poderosos de este país se han coludido, han sido corruptos. Entonces la población tiene razón para desconfiar del diálogo”.

En su reivindicación de la búsqueda de acuerdos, Javiera piensa que “hemos perdido la capacidad de escuchar al otro y entender que a veces el otro tiene razón y que, aunque no la tenga, es válido escucharlo”, porque “puede ser que se nos ocurran ideas nuevas dialogando con otros que piensan distinto”.

Javiera Parada fue una de las primeras que vislumbró la posibilidad de una asamblea constitucional para redactar una nueva Carta Fundamental. Cuando el 15 de noviembre de 2019 se hallaba en Estados Unidos, supo que las fuerzas políticas habían acordado llamar a un plebiscito a fin de conformar una Convención Constitucional. Pensó entonces en sus padres, en sus abuelos, en el escritor Manuel Rojas que fue su bisabuelo, y se emocionó.

Cuando al día siguiente volvió a Chile se sorprendió porque no vio ninguna celebración en las calles, como en el plebiscito de 1988 que selló la derrota de Pinochet. Era como si la gente desconfiara del consenso logrado, como si hubiera algo oculto en ese acuerdo.

“Vamos a tener que hacer un trabajo para volver a generar un diálogo, para que la gente vuelva a creer”, reflexiona Javiera, apoyada en la fuerza de una convicción muy suya, que no es bienvenida en las redes sociales.

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