JOSÉ MIGUEL VARAS: PARA REÍR Y LLORAR Por Enrique Fernández


TEXTO: ENRIQUE FERNÁNDEZ

JOSÉ MIGUEL VARAS: PARA REÍR Y LLORAR

Por Enrique Fernández

 

José Miguel Varas partió hace 10 años, el 23 de septiembre de 2011, el mismo día en que lo hizo su amigo Pablo Neruda, que se fue 38 años antes, el 23 de septiembre de 1973.

¿Coincidencia o un designio tácito que selló una larga amistad?

Soplaban los agitados vientos de 1948 cuando el estudiante y locutor radial de 20 años conoció al poeta y se convirtió en su colaborador. Neruda, entonces de 44 años, militaba en las filas del Partido Comunista, proscrito por el presidente Gabriel González Videla, a quien el poeta llamó “traidor”.

Por esas vueltas de la Historia, la dictadura de Augusto Pinochet volvió a proscribir al Partido Comunista, en cuyas filas militaba José Miguel Varas, convertido ahora en periodista y escritor. Fue esta circunstancia la que obligó al autor de “El Correo de Bagdad”, “La Novela de Galvarino y Elena” y “Milico” a escoger también, como Neruda, el camino del exilio.

Refugiado en la Unión Soviética, el ex jefe de prensa de Televisión Nacional hizo llegar su voz cada noche hasta los hogares chilenos, desde el programa “Escucha Chile”. Lo hacía a través de las ondas cortas, para denunciar las violaciones a los derechos humanos que cometía la dictadura, junto con difundir aquellas noticias que la prensa chilena no publicaba.

De regreso en su país tras el restablecimiento de la democracia en 1990, José Miguel Varas recuperó sus vínculos con el periodismo y sobre todo con la literatura, en cientos de crónicas y más de una decena de libros de cuentos y novelas, hasta convertirse en uno de los mejores narradores contemporáneos, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 2006.

¿Cuál era el secreto de un espíritu tan creador? Como periodista, su imaginación de escritor tomaba aspectos de la realidad que observaba, para llevarlos a la ficción. Considerado entre los mejores cronistas nacionales, junto a José Joaquín Vallejos, Daniel de la Vega, Joaquín Edwards Bello o Hernán Millas, Varas pensaba que tanto el periodista como el escritor deben poseer “la facultad de volar, de ver y mostrar el dolor, la suciedad, la violencia, el amor y la poesía de los hechos cotidianos”. Y agregaba:

“La literatura puede igualmente tratar de hechos actuales o históricos importantes. Pero también puede detenerse, y a veces largamente, en sucesos domésticos, repetidos, mínimos que, de alguna manera, y aquí entra el arte del escritor, interesan al lector, porque dicen algo sobre la existencia humana, sobre los sentimientos, los deseos, las esperanzas o falta de esperanzas”. (1)

PABLO NERUDA

Es aquí donde volvemos a encontrarnos con esa unión afectiva entre el cronista y el poeta, porque cuando Varas volvió del exilio junto a su esposa Iris Largo y sus tres hijas, retomó sus lazos con Neruda. Escribió tres libros en los que reivinndica los valores humanos de su amigo ausente. “Neruda y el Huevo de Damocles”, “Nerudario” y “Neruda Clandestino” revelan detalles inéditos de la personalidad, la calidez y el sentido del humor del poeta. Sin ser ensayos biográficos, los tres libros conforman un viaje por el tiempo, donde también aparecen, en amenos diálogos, el poeta francés Paul Eluard, el arquitecto y cineasta uruguayo Alberto Mántaras, la pintora argentina Delia del Carril -segunda esposa de Neruda-, los escritores chilenos Margarita Aguirre y Juvencio Valle, además de una galería de otros personajes.

Sus páginas constituyen una tertulia, donde Varas utiliza sus dotes de cronista y narrador para presentarnos al poeta con su alegría de vivir, sus andanzas clandestinas en el amor y la política, su destierro y sus días de gloria.

«Curiosamente, el capítulo que reúne en grado máximo estas cualidades del autor es aquél que narra las mayores penurias del poeta: Neruda en el exilio, una crónica excelente por donde se la mire», escribió en el diario El Mercurio el crítico Ignacio Valente. En algún momento, según Valente, el lector no podrá distinguir si la gracia que fluye del lenguaje de Varas es un mérito suyo o de Neruda, porque ese estilo tan suelto refleja una simbiosis entre el fino humor del cronista y el poeta. (2)

Un ejemplo de la identificación entre ambos es la anécdota que José Miguel Varas sitúa en París, en 1950, cuando Neruda recibe el primer ejemplar del “Canto General”, editado en Chile en forma clandestina. Sucedió mientras participaba en un homenaje al pintor español Pablo Picasso, por haber recibido el Premio Stalin.

   «Neruda fue uno de los oradores -recuerda Varas en “Neruda Clandestino”-. Contó con mucha emoción cómo se había editado el libro en Chile. Los asistentes se pusieron de pie y prorrumpieron en aplausos y ovaciones cuando el poeta chileno solemnemente regaló el libro a Picasso».

   El homenajeado alzó el ejemplar para que todos lo vieran, en medio de nuevas oleadas de aplausos. Cuando terminó el acto el poeta se acercó sin embargo a Picasso y le arrebató sorpresivamente el libro. Varas relata que el pintor lo miró atónito, con los ojos muy abiertos, pero Neruda se limitó a decir: «Es el único ejemplar que tengo…». Y recuperó su libro.

Por eso el poeta Armando Uribe dijo una vez que las crónicas y relatos de José Miguel Varas son “cuentos para reír y llorar”.

 

(1) Suplemento especial de “La Nación” con motivo de los 100 años del Círculo de Periodistas de Santiago, 25 de agosto de 2007

(2) Ignacio Valente, “Revista de Libros” de “El Mercurio”, 31 de julio de 1999.

 

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