Radio Arcoiris

EDGAR PERRAMÓN QUILODRÁN

TEXTO: LEOPOLDO MARTIN RAMOS

EDGAR PERRAMON QUILIDRÁN

Hace diez años ( el 11 de junio de 2012 ) , el creador y Director de este sitio web, CIRO VARGAS MELLADO escribió este texto, para difundir la noticia:

“ EDGAR PERRAMÓN QUILODRÁN

La pena de su fallecimiento nos ha llenado de tristeza el corazón.

Profundamente emocionados, damos la información del fallecimiento de nuestro entrañable amigo Edgar Perramón Quilodrán.

Nos conocimos allá en Chillán, cuando ambos éramos muchachos. Nunca nos olvidamos, aunque hace más de treinta años vivía en Venezuela. Los primeros años de su exilio los vivió en Alemania, desde donde se trasladó a Venezuela. Allí se casó con una dama

venezolana. Tuvieron una hija que les dió un nieto que le robó el alma a Edgar.

Cuando venía a Chile, cosa que hacía cada cierto tiempo. ( nunca olvidó su Chillán ) pasábamos horas largas de ricos y variados recuerdos en nuestra casa, que admiraba con cariño.

La pena de su fallecimiento nos ha llenado de tristeza el corazón.

Ciro Vargas Mellado”

Años después, el autor de esta Nota ( Leopoldo Martin Ramos ) escribió una extensa reflexión sobre:

DE CÓMO LA VESTIMENTA ES SIGNO DE MENOSPRECIO Y, TAMBIÉN, LáBARO DE FRATERNIDAD Y EXCELSA HUMILDAD

Selecciona la segunda parte de las lucubraciones, como testimonio hermoso de una experiencia exultante y como recado aleccionador, para recordar a EDGAR PERRAMON QUILODRÁN, en el aniversario de su partida, con respeto, admiración y nostalgia.

II

 Edgar – mi amigo excepcional – se tituló en la Escuela Normal de Chillán, el año 1949. Un año antes ( 1948 ), comienzan sus inicios profesionales que le abrieron ancho camino en el periodismo, permitiéndole acceder a la Subdirección del Diario “La Discusión”.

 Y gracias a esa responsabilidad, hubo logros importantes en la materialización de planteamientos y campañas de bien público por el respaldo importante de una línea editorial documentada y favorecida por su cultura, criterio y honestidad. Una labor eficiente y constante durante veinte años, que dio la razón para el otorgamiento, en 1971, del Premio Nacional de Periodismo.

 A partir de 1951, en que se incorporó al Instituto Comercial, realizó tres lustros ( hasta 1965 ) de una interesante actividad docente y administrativa. Fue en ese establecimiento de educación profesional, y en el mismo año, en el cual comencé a estudiar técnicas contables (con mis catorce veranos y, a la sazón, los veintiun inviernos del Inspector Perramón Quilodrán)

Antes de cumplir sus veintidos años Edgar se inicia en la Logia “Tolerancia” Nº 12, de Chillán ( 5 abril de 1952 ), y en una presencia y participación brillantes, recibe sus Grados de Compañero ( diciembre de 1952 ) y Maestro Masón ( agosto 1953 – recién cumplidos sus veintitres años – 9 de julio ). Ha de entenderse, esta experiencia de su vida, como la asombrada respuesta institucional a sus innatas condiciones humanas.

Mi iniciación masónica, también lo fue en la Logia Tolerancia Nº 12. Tuvo lugar “ese sábado 17 de octubre del 1959”, con veintidos años y algunos meses. Lo recordaría generosamente, Edgar, en una carta que me envió desde Caracas ( esa es una cuestión de la cual se ocuparán otras cuartillas )Alejandro Witker Velásquez, gestor cultural y amigo de Edgar, en un artículo publicado en “La Discusión” ( 12 julio 2012 ) para recordarlo a días de su muerte en Caracas, Venezuela, escribió: “ Pocas veces he conocido a una persona mejor dispuesta para servir a los demás, sin fronteras ideológicas o sociales, sin esperar nada a cambio y guardar luego una admirable discreción, sobrio y siempre fino, atento con todo el mundo. Un caballero a la antigua de esos que ya no vienen, como se diría, en la economía de mercado de nuestros días.”

Tales características, descritas con sincera exposición de los comportamientos, tuvieron para mí gestos reiterados de humanidad durante los sesenta años y más de una amistad limpia y enriquecedora. El inicio de éstos, ocurrió en los primeros meses de mi permanencia en el Instituto Comercial que funcionaba en pabellones de madera, de construcción transitoria por la devastación telúrica del treinta y nueve. El Instituto ocupó los espacios que antes eran del Liceo de Hombres. Entregado que le fue a éste un edificio definitivo en cuadras cercanas, el que ocupaba hasta ese entonces pasó a prestar servicios a los estudiantes comercialinos. En el sector del Internado, Edgar tenía su dormitorio, para favorecer el trabajo de Inspector administrativo.

 Una tarde, me invitó a acompañarle hacia su morada, y allí me entregó uno de sus ternos negros, de buena tela y de poco uso. No hubo aspavientos, ni peroratas innecesarias. Por mi parte, según recuerdo, no hubo manifestaciones especiales de gratitud; solamente, tomar las prendas y salir hacia la modestia de mi rancha con mi primer pantalón largo bajo el brazo.

No hubo gente que bailara feliz, ni Abuelo que reflexionara sobre la trascendencia del acontecimiento… (según los versos de Antonio Casero, yo habría escuchado: «Hijo mío, hoy te visten de hombre siendo un niño, / Tú no sabes los serio y difícil del trance mi vía,” )…

 Yo tengo un Abuelo muy especial… vive en mi sesera, como el amigo secreto de cada niño, aunque nunca le conocí en cuerpo y alma… más que un fantasma, el alter ego que reconozco lo presenta como bueno para los acertijos y los refranes… él habría dicho:

  • “Acertaste el palo al gato… nada de afutrarse ni andar afirulado… es hora de ponerse los pantalones…”

  • Y yo habría entendido su comentario, con este mensaje: lograste algo importante; nada de arreglarse la vestimenta para parecerse al patrón, ni andar con modales finos… ahora, a tomar el mando, y actuar para encabezar los afanes …

 No era hombre de dichos almibarados; más bien, varón de frases duras; no le gustaba macollar sus decires… sabía que en algunos cultivos, las plantas una vez desplegadas las primeras hojas, crean su propio sistema de raíces adventicias … y mi Abuelo, se tenía como hombre de una sola palabra… por nada aceptaba la eventual generación de raices improductivas…

Cuando, ahora, las escenas atiborran los sentimientos, tengo para mi amigo excepcional, la emoción desbocada por el apego a su humanidad. En el instante del obsequio, mis vestidos raídos de una orfandad difícil, compartía imágenes con compañeros de aulas acaso más menesterosos. La situación especial de mi caminar atrofiado ( secuela de la poliomielitis *), hacía más visible la debilidad de mis piernas con el pantalón corto que era común para todos los imberbes de mi generación.

El terno negro duró varios años… mantuvo la argamasa noble de una fraternidad real que pude reconocer en el relato iniciático de una logia masónica provinciana… ella marcó los linderos de una experiencia importante, que pudiera desgranar algún día…

 *   A mis catorce años, pude ingresar al Instituto Comercial de Chillán… recién comenzaba a estrenar mis piernas más firmes, luego de una permanencia larga en el Hospital Roberto del Río, en Santiago y la terminación de mi educación primaria en la noble Escuela Negra. Noble, porque en ella aprendí mis primeras letras, y porque gracias a la generosidad de sus profesores pude acceder a una corrección de mis defectos físicos a causa de la poliomielitis que me atacó en mis años de imberbe…

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