Texto : NELSON VILLAGRA GARRIDO
Así como el trágico terremoto de Chillán de 1939 quedó palpitante en la memoria de los chillanejos por muchos años, así también en el ámbito nacional marcó un hito político en nuestro país el primer gobierno apoyado en un movimiento popular.
Habían transcurrido 128 años desde 1810, cuando en 1938 Pedro Aguirre Cerda encabezando el Frente Popular obtuvo la presidencia de Chile. Su programa y sus realizaciones dejaron huellas en la conciencia de gran parte del país, que sólo se han difuminado en el nuevo modelo que impuso la dictadura de Pinochet.
Y esas brisas del Frente Popular las recibí en mi infancia a través de mis padres y sus amistades… Radicales, socialistas, comunistas y democráticos sembraron la esperanza nacional, pese a la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, concluyo que los partidos de derecha y del centro político chilenos estaban obligados en esa época a encontrar soluciones sociales capaces de resistir la amenaza de la Unión Soviética y su estímulo a las reivindicaciones proletarias. Las opciones del comunismo y del nacional socialismo – antes que se conocieran las aberraciones del nazismo – contaban con simpatizantes en Chile, y las discusiones amistosas y a veces apasionadas estaban a la orden del día.
En la actualidad, 2018, el contexto político internacional y nacional es muy diferente. El campo socialista que constituyó una esperanza se ha extinguido, y lo que resta intenta romper la versión ortodoxa. El nazismo fue derrotado, aunque se mantienen expresiones aisladas y a veces de manera más o menos subrepticia detrás de partidos de derecha. Y en mi país fue brutalmente reprimida la última esperanza del siglo XX en 1973, instaurándose una dictadura que estableció un modelo económico y una Constitución que asegura hasta el día de hoy la protección y desarrollo del gran capital, modelo continuado por la “restauración democrática” que se ha mantenido en permanente “transición”.
Salí vivo e indemne físicamente de esa dictadura, sin embargo no pude evitar el daño que comencé a sentir en los años que experimenté la “transición democrática”. Porque junto con ella los sectores dominantes impusieron en mi país fundamentalmente la subcultura de la corrupción, la hipocresía y la impunidad de los explotadores y torturadores. De manera que mi exilio, en definitiva no me lo provocó la dictadura, sino la nunca concluida transición democrática.
Ese contexto ha tenido y tiene sin embargo sectores resistentes. Y esa capacidad de respuesta como en todo periodo histórico se está acrisolando poco a poco, buscando el sujeto histórico que a la vez está en proceso de identidad. No me cabe duda que en el curso del siglo XXI se encontrarán opciones sociales en beneficio de las grandes mayorías, realistas, aunque no exentas de utopía, diferentes seguramente a las deseadas durante el siglo XX.
“La ilúsion, la ilúsion la esparce el aire/ y una ni y una niña jardinera/ lo hacé con lo hacé con su mano suave/ tratando tratando de que no muera ….”
Que la historia se repite, pero en espiral, es probable que sea cierto. Mis queridos nietos con los que convivo hoy, cantan y dicen otros versos, algunos en inglés, otros en francés, poco en español.
No obstante, en mi memoria, en 1941-42 veo a mi hermana Eliana con 12 o 13 años recitando “El Violín de Yanko” de Blanco Belmonte:
“Madre, la selva canta,
y canta el bosque y canta la llanura,
y el roble que a las nubes se levanta…”
Y mi hermana Gladys, quien seguía en edad a Eliana, 10 u 11 años, también tenía sus virtudes artísticas. Su número favorito que cantaba en ese tiempo, era “Flores Negras”, de Karlo:
“Me hacen daño tus ojos
me hacen daño tus manos
me hacen daño tus labios
que saben fingir…”.
Gladys volvió a tener relaciones públicas con la música años más tarde cuando comenzó a recibir clases de piano.
De manera que en casa éramos cuatro artistas: mi madre – quien tocaba la guitarra y cantaba maravillosamente -, mis dos hermanas y yo.
Y un quinto, ¡un quinto!, mi hermano Pedro, artista “escondido” en aquellos años, que sólo develó su vocación y talento a los 16 o 17 años, ya que comenzamos juntos en Radio Difusión Cultural y el Teatro Experimental de Chillán.



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