TEXTO LIBRO (GENTE DE RADIO Nº 15)
UN PROGRAMA ESPECIAL: “LA NOCHE CHILENA”
Los tiempos difíciles para conversar… los estudios de Radio Chilena controlados por vehículos con efectivos de Investigaciones. Se hicieron cosas especiales: lecturas de cuentos chilenos, concurso de cuentos de los auditores … “incluso tuve que ir a la Cárcel a entregar un premio a uno de los reclusos, que lo había ganado…” fueron tres años bellísimos…
(GENTE DE RADIO Nº 15) LEOPOLDO.- En el programa “Gente de Radio”, seguimos hablando con el periodista Ciro Vargas Mellado… Hay varios temas que han quedado insinuados, pero no desarrollados más extensamente. Retomemos hoy aquella parte de la actividad radial realizada en Radio Chilena…
CIRO VARGAS.- Hacíamos referencia especialmente a esa etapa, porque realmente fue una experiencia muy… muy digna de ser recordada, es decir, mencionada…
Estuve yo en Radio Chilena tres años y en esos tres años, en los primeros meses cumplí tareas profesionales, como entregar las informaciones ante el micrófono, o reporteando, o escribiendo boletines; pero surgió la posibilidad de hacer un programa especial y lo llamamos “La Noche Chilena”…
Ese programa se transmitía diariamente, de lunes a viernes entre las diez y las once y media de la noche… Era un programa de conversación y ¡eran tiempos difíciles para conversar…! Eran arriesgadas las conversaciones porque pudieran salirse un poco del tono, el cual había que cuidar mucho, al ocupar el micrófono.
“La Noche Chilena” recibía invitados… otros participaban a través del teléfono… Entonces, se conversaba de cosas y de temas de actualidad… con el consiguiente cuidado porque… los estudios de la radio estaban situados frente a la Plaza de Armas, en el costado oriente y desde las ventanas nosotros veíamos algunos vehículos que se estacionaban allí, en cuyo interior sabíamos perfectamente que había gente de Investigaciones…
Estacionada allí porque le tenían el ojo puesto a la radio, a ver si nos salíamos un poco… -por lo que nos atrevíamos a salirnos- del molde, a salirnos de las exigencias del régimen.
Entonces, por ejemplo, teníamos algunos dirigentes sindicales a los que entrevistábamos, o a dirigentes de diversas organizaciones…, algunas personalidades políticas, y a través del teléfono, como digo, sosteníamos conversaciones con personas que llamaban para dar alguna opinión respecto de lo que se estaba tratando.
Pero, más allá de eso, empezamos a hacer una actividad diferente dentro del tiempo que se nos daba… era la hora y media, esa que disponíamos para el trabajo. Teníamos artistas, a veces cantantes o actores… Pasaron muchos… mucha gente, muy interesante…
Para mí, la experiencia que me causó mayor emoción fue porque yo empecé a leer cuentos… leí cuentos chilenos, breves, que no duraran más de diez a quince minutos… Leí también unas obras completas en episodios… Todas las noches leíamos… Leímos trozos largos… En fin, fue una jornada lindísima en ese sentido.
Pero la nota emocionante fue que, en una oportunidad, llegó un grupo de personas… creo que eran cinco o seis personas, que llegaron a conversar conmigo. Cuál no sería mi sorpresa, cuando me dicen: “Señor, venimos a expresarle nuestros agradecimientos. Usted nos ha permitido soñar y viajar y ver lo que nuestros ojos no pueden ver”… Eran ciegos… personas no videntes que eran constantes auditores del programa radial y que a través de él recibían la lectura constante que se hacía de los cuentos -leí, por ejemplo, Martín Fierro, el Werther, de Goethe, y así, obras completas en episodios-. Era lectura, pura lectura, nada más… no era radioteatro, solamente lectura…
Pero a la gente le llegaba eso y como no era muy variado el panorama que se ofrecía al público a través de las radioemisoras, porque todas se fijaban metas no más y nadie se atrevía a excederse mucho… Sin embargo, nosotros cumplimos esa tarea y fue, como digo, lo más emocionante para mí y lo más enriquecedor, saber que lo que toda esa gente, recibía como un regalo lo que modestamente se les entregaba en una lectura muy sentida que se les entregaba a la gente para sensibilizarla con las entregas, que ellos, por lo menos los no videntes dijeron que habían recibido a través de esos programas.
Esos años fueron bellísimos, y como consecuencia de esto mismo que les estoy contando de las lecturas, organizamos un concurso, un concurso literario abierto a todo el público… Recibimos una cantidad enorme de trabajos… algunos manuscritos, otros escritos a máquina, la mayoría manuscritos, con letras de diversa calidad… incluso, difíciles de leer…
Bueno, le pedimos a algunos escritores…, dos o tres escritores, que fueran el Jurado y les prometimos que publicaríamos un libro… El dinero para publicar el libro nunca se consiguió… y todo eso quedó archivado… Pero eran unos relatos dramáticos de mucha gente que quiso, a través de estas escrituras, entregar, vaciar, deshacerse de algo que los aprisionaba… que eran su propia experiencia… Algunos habían sido torturados… otros estaban presos… Incluso tuve que ir a la Cárcel a entregarle un premio a uno de los ganadores… Así entonces fue una linda cosa, y ese archivo, como muchas otras cosas, quedó diseminado. Cosas que han ido quedando dispersas a lo largo de mi vida, y no se han rescatado, y se perdieron ya en el tiempo…
LEOPOLDO.- Bonita experiencia que habrá de enriquecer con nuevos recuerdos… porque esa actividad estaba, obviamente, inmersa en un ambiente difícil, que seguramente significó contribuciones de otros periodistas, de otra gente de radio, que estaba dentro y fuera del país… Será materia de una próxima conversación…

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