Texto: Por Enrique Fernández
MARÍA ANGÉLICA DE LUIGI SE FUE EN SILENCIO
Fue una de las estrellas del periodismo por más de 20 años. Brilló en el firmamento de la televisión, los diarios y la radio, a partir de la década de los 70. Pero María Angélica de Luigi se fue sin grandes discursos, sin cortejos multitudinarios, sin aviso previo, el pasado 5 de junio.
Prefirió partir en silencio, porque en los últimos años de su inquieta vida ése fue el camino que eligió. Después de sus comienzos en Radio Minería en 1969, recién egresada de la Universidad de Chile, pasó por Canal 13, Las Últimas Noticias, El Mercurio y el diario La Época. Y un día decidió dejar el periodismo para volcar su sensibilidad en la pintura.
María Angélica se alejó entonces de sus colegas y amigos, Buscó refugio espiritual en la tranquila caleta de Guanaqueros, en la región de Coquimbo, y se mimetizó con la paz aldeana de pescadores y pequeños comerciantes. Atrás quedaron sus entrevistas a escritores, artistas, políticos, hombres y mujeres comunes y corrientes. También quedaron en el recuerdo sus crónicas matizadas de fino humor y un contenido profundamente humano.
Leer sus artículos o ver sus reportajes de televisión era como estar junto a ella, escuchando su voz suave y viendo la expresión juguetona de sus grandes ojos. Porque María Angélica disfrutaba o sufría con cada una de sus entrevistas o crónicas.
Desde Canal 13, en los años 70, reivindicó el papel de la mujer y reclamó los derechos que hoy levantan los movimientos feministas. Desde el diario Las Últimas Noticias rescató a figuras del mundo de la cultura, pero con un estilo ameno, cargado de anécdotas graciosas o emotivas. En una entrevista con el músico y cineasta José Bohr, en 1979, recordaba sus comienzos allá por los años 20 y escribía que este “autor de más de doscientas canciones, protagonista y productor de más de sesenta películas chilenas, mexicanas y argentinas… está como tuna”.
Su pluma también trazó una semblanza de Juan Firula, un escritor “especialista en bajos fondos, censurado en Chile por “coprolalia’, no por política”.



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