Texto de Antonella Estévez | Domingo 11 de octubre 2015
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“Surire” es un documental que requiere de un espectador activo que vaya llenando de significados las poderosas imágenes que se le presentan, de allí que es fundamental verlo en buenas condiciones técnicas.
El nuevo documental de la dupla Perut + Osnovikoff tiene algo de hipnótico. Como sus películas anteriores, más que una historia lo que se ofrece acá es una experiencia. Esta experiencia es, en muchos sentidos, mucho más amable para el espectador que la propuesta en “Noticias” o “La muerte de Pinochet”, pero continúa en la línea de enfrentar a la audiencia a imágenes potentes sin mediarlas, desde la película misma, con un discurso definido al respecto.
Surire es un salar ubicado en el altiplano chileno a 4.300 metros sobre el nivel del mar, en la frontera con Bolivia. En ese espacio está instalado un parque nacional que convive con faenas mineras, lo que hace que el imponente paisaje del altiplano esté constantemente intervenido por las filas de camiones que suben y bajan de la cordillera.
Los realizadores Bettina Perut e Iván Osnovikoff estuvieron un total de cuatro meses en Surire – entre ocho viajes de dos o tres semanas cada vez- y su fascinación con el lugar y sus pocos habitantes, además de los malestares físicos que –según han contado en entrevistas- los embargaban los primeros días de adaptación cada vez que llegaban hasta allí, se hacen visibles en las imágenes que componen este documental que pasan del asombro a cierto agobio visual.
Los grandes planos fijos del paisaje en el que las montañas ocupan casi todo el espacio pueden provocar una sensación de ahogo al mismo tiempo que de sumisión de la mirada ante la grandiosidad de la imagen. En el otro lado están los planos más pequeños que se dedican a mostrar a las particulares personas que habitan esta geografía. El guarda parque que trabaja para Conaf y una mujer que vive en medio de la soledad de estas alturas junto a sus perros y que recibe, de vez en cuando, la visita de algunos familiares que caminan kilómetros para llegar hasta su casa.
Una de las características que han marcado hasta ahora el brillante y exigente cine de Perut + Osnovikoff es la distancia que tienen con sus personajes. Una mirada casi quirúrgica sobre el otro que se instala sobre él en planos largos y fijos, y que puede llegar a incomodar al espectador. Probablemente esa sea la diferencia más notables que separa “Surire” de las anteriores películas de esta pareja porque, aunque alejado de sentimentalismos y discursos, hay en la mirada sobre los personajes cierta simpatía que se expresa en la detención más cariñosa –quizá admirada por las condiciones en que viven y la filosofía con la que se enfrentan a éstas- en sus diálogos y actividades, y que permite aparecer el humor, más allá de la distancia cínica.
“Surire” es un documental que requiere de un espectador activo que vaya llenando de significados las poderosas imágenes que se le presentan, de allí que se fundamental verlo en buenas condiciones técnicas. Hay posibilidades de reflexión sobre la intervención de las mineras en el hermoso paisaje del norte; de la desaparición de una manera de vivir, hoy en resistencia de parte de los ancianos aymaras, pero que parece no tener herederos; de la belleza de la flora y fauna que luce en este contexto a primera vista hostil, de ese lugar casi desconocido de Chile y más. Pero el trabajo de los realizadores termina en la invitación a vivir esta experiencia de visitar –aunque sea cinematográficamente – “Surire”, las conclusiones y las reflexiones al respecto, corren por cuenta del espectador.
Director de “Surire”:
“Más que ocurrieran grandes cosas, se trataba de registrar ese mundo”
Rodrigo Alarcón | Jueves 8 de octubre 2015 18:08 hrs.
Iván Osnovikoff habló sobre el documental que hizo junto a Betina Perutt acerca del Salar de Surire y que se acaba de estrenar en casi una veintena de ciudades del país, de Arica a Punta Arenas. “Todo fue un poco al azar», dijo.
En el altiplano chileno, a más de cuatro mil metros de altura y casi en la frontera con Bolivia, está el Salar de Surire. Ahí está el Monumento Natural del mismo nombre, que acoge vicuñas, suris y tres especies de flamencos, aves que llegan hasta ahí para reproducirse.
A ese lugar, donde no hay electricidad, ni señal telefónica ni de internet, llegaron unas ocho veces los documentalistas Bettina Perut e Iván Osnovifoff para rodar su séptima película, estrenada esta semana en 17 ciudades del país.
El documental se llama simplemente Surire y, en poco más de una hora y veinte minutos, retrata aquel lugar en el extremo norte del país: su escasa población, sus magníficos paisajes y el incesante transitar de camiones mineros que explotan el salar.
Para eso, los autores de películas como La muerte de Pinochet (2011) y Noticias(2009) debieron no solo adaptarse a las duras condiciones climáticas de la zona, sino también a las circunstancias que encontraron cada vez que viajaron: “Todo fue un poco al azar. Por ejemplo, hay un niño que viene a trabajar por una bicicleta y de eso nos dimos cuenta el día anterior, cuando su mamá estaba negociando su venida. En el fondo, nuestro trabajo era adaptarnos a lo azaroso y desarrollar la capacidad de registrarlo para que eso fuera el material de la película. Finalmente, más allá de que ocurrieran grandes cosas en Surire, se trataba de instalarse ahí por periodos de dos o tres semanas para registrar ese mundo”, dijo Iván Osnovikoff en el programa Radiópolis de Radio Universidad de Chile.
Surire se centra en unos pocos personajes. El guardaparques de Conaf Dardo Aguilar, una mujer llamada Clara que vive sola junto a sus perros, una pareja de pastores que deja sus animales a cargo del mencionado niño boliviano. Todo aquello se muestra con escasos diálogos, sin voz en off y en una secuencia de planos fijos por los que transcurre la particular vida del lugar.
“Para nosotros, las películas definen su formalidad”, explicó Iván Osnovikoff, respecto a la decisión de mantener siempre una mirada fija. “En una situación como esta era muy difícil alejarse de una mirada más convencional con la cámara en mano. Había que estar cerca de los personajes y como que el paisaje estaba dado para trabajar así. Todo fue apuntando para allá. Veníamos de cultivar el plano fijo con bastante insistencia y este era el punto natural de llegada. Se adaptaba perfectamente, además que cada plano tiene una estructura, es como una pequeña historia”, señaló.
Como parte del programa Miradoc, Surire se exhibe en salas de Arica, Copiapó, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Valdivia y Puerto Montt, entre otras ciudades, con funciones en las que también participarán los directores Bettina Perut e Iván Osnovikoff.


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