Texto de Leopoldo Martin Ramos
Como si hubiera coincidencia para aumentar los recuerdos: una nota de Youtube, y un texto en la web elclarin cl… ambos involucrando al varón que tenía en mi memoria, al acercarse el día en el cual se marcan tres meses de su muerte.
Yolanda Troncoso Reinero, hizo un comentario sobre “Estación de Humos y Campanas”, un video que editamos sobre un relato de Rogelio de la Fuente Gaete. Yolanda, escribe: “ La nostalgia me invade, doy una rápida mirada retrospectiva no me explico como el tiempo se fué, así,tan rápido !…tal vez se lo llevó el humo del tren …afortunadamente el recuerdo perdura….nada lo puede borrar…y ahí sigue el ramal, el tren chico, los huasqueados …, en el recuerdo, por siempre …”
El texto de la web “elclarin cl” corresponde al aporte de una
colaboración escrita por el poeta chileno Juan Eduardo Esquivel, “Partida de Rogelio de la Fuente”. Fue publicada el 7 de octubre de 2015, y repetida hoy ( 3 enero 2016). El escrito es hermoso y tiene enjundia buena para apreciar las bondades del amigo Rogelio… su lectura la puede apreciar en la dirección: http://www.elclarin.cl/web/noticias/cronica/17049-partida-de-rogelio-de-la-fuente.html
Buscaba en mi aporreada memoria, el mejor tema para escribir sobre Rogelio … hay más de un asunto, y la correspondencia que intercambiamos me dan materia para varios textos … el documento del poeta Esquivel incluye un poema de mi amigo (el cual no refiero en estas líneas para insistir en que lea su crónica) … esta circunstancia dio cierre a mi tarea …: transcribir algunos de sus versos … (como necesaria introducción las coordenadas que permitieron mi acceso a ellos )…
Recibí de Rogelio una carta que destilaba amargura … con el tiempo disponible a montones y el deseos de amortiguar los sentimientos, respondí en un documento con imágenes, que nombré “veinte ideas de amor para una carta desesperada” (un burdo juego de palabras y poesía de dos poetas vinculados en la carta de mi amigo)…
Al lado de una caricatura de Gonzalo Rojas, transcribí su párrafo: “ Dejo para lo último la muerte de Gonzalo. La prensa de América y Europa con grandes crónicas que nos pega muy fuerte a todos y a mi en particular porque me dio su confianza y afecto estos 60 años de amistad. No sigo porque trataré de no enviarles más mi dolor”.
Yo retruqué con una caricatura de Neruda, y mi “idea de amor” : ¡ Que bueno el encuentro de los poetas en un lugar amable del cielo ! … Siempre que no sólo sea para cambiar sombreros …
( ambas caricaturas mostraban a los poetas con sus jockey característicos )
… Tiempo después, Rogelio me envió un poema en homenaje a su amigo Gonzalo Rojas … con la bondad que le era su característica, solicitaba mi opinión que fueron de honesta pleitesía … Nunca me confidenció sus deseos de hacer un libro de sus creaciones poéticas y desconozco si el poema que transcribo enseguida, tuvo en vida de su autor, edición pública … lo excepcional, es que ahora tengo el regalo de compartir con ustedes, el privilegio de sus emocionados versos:
“ RECORDANDO A GONZALO
Se nos fue Gonzalo
y como siempre no alcanzamos
ni a pensar que algún día no alcanzaríamos
a apretar su fuerte mano.
No alcanzamos a nada, adelantó también el vuelo
Tuve casi medio siglo para esperar
y no fui capaz para entender
que con Gonzalo, solitario de mundo, no habría despedida
de letras infinitas
ni de sus grandes escenarios.
Es que este “Vagamundo” sin pausa inventó y desinventó
con el “sunami” privado y contagioso
que le llegó congénito en las olas del puerto
allá por Lebú con vendaval de mar y cordillera.
Siempre de vuelo y riesgo, de oxígeno y altura
escritos en la sorpresa de sus tiempos
redescubrió desde Lebú
el Sur del Sur
Y hagamundo solitario, hizo sin orden
la siembra permanente del seso y la memoria
y preparó los valles contra la “lesera”.
Solitario, hizo el jardín de rosas
y solitario siguió cuando la tempestad de premios
de los jurados cardinales reemplazaban
sus escasas compañías
o las de navegantes naufragados.
¿ Cuántos tienen “tincadas” y retinas
para atravesar esos velos
desplegados desde el único Sur
( que es el del Sur del Sur )
y la capacidad
de derramarlos en una hora cualquiera
al corazón de la poesía?
¿Qué inundaba la soledad y su casa,
no para sus despedidas que no tenemos
ni hemos tenido nunca?
¿Para que repetir que lo sabía
desde mucho antes?
Digo de poesía
que a lo más algunos sospechaban,
apenas parpadeaban como pulmón de pájaros
como encandilamiento de llegar a este mundo
que sólo es para el vuelo
desde el rayo que nace
y que ilumina la calidad del seso que debuta en la vida?
Esto sigue presente
“No para respirarlo, sino para vivirlo”
y si es capaz, para compartirlo
Es lo que hizo Gonzalo con los jóvenes
durante todos esos años
Pero también con ciegos con sordos
y hasta con mudos enseñando a oír, a ver
y a respirar un aire, un aire, un aire no para respirarlo sino para vivirlo
vivirlo de bajo de la lluvia
Nunca será tarde para verla
“No estés bajo la lluvia José Antonio
te estamos esperando”
Ahora más que siempre
habrá que estar despierto porque
vendrá la época de responder las avalanchas
de comprensión de mundo y de pareja
Tal vez de escribir con un trozo de
carbón de Lebú en los muros y el aire
el comienzo de este viaje
también de Vagamundo
Pero deberán pasar unos años para que estos escritos en el aire
se unan con los de aquellos viejos muros
diciendo que está vivo
vivo en la Poyetomancia y vivo en los sueños de la cama china.
No se mucho más de su partida porque me quedé recomiendo
los tiempos del Torreón del Renegado
en esa tarde del Sur del Sur
en el Chillán de Chile en la alta soledad donde se encontrará con Hilda que no cambia
y le sigue esperando.
Volverá recomiendo cordilleras, enseñando a leer a los mineros
con su Rodrigo Chico y años después con el nuevo Gonzalo
en la altura que le diagnosticó Huidobro y en esa inconmovible independencia que adivinó Neruda en el Chillán de los sesenta.
Desde la altura su poesía recorrió el mundo que había adivinado desde su ventanal que fue Valparaíso
Vivo Chillán desde adentro y solo asomó hace poco a sus veredas
y no dejó de enviar sus testimonios con pedazos íntegros de recordados muros
a los lejanos domicilios que nos impusieron por fuerza.
A lo más algunos, solo algunos sospechaban,
apenas parpadeaban, como pulmón de pájaros
como encandilamiento de llegar a este mundo
que solo es para el vuelo.
Desde el rayo que nace y que ilumina
la calidad de “seso” que debuta en la vida
eso está ahí presente
para ser visto, “para vivirlo”
o al menos, si no somos capaces,
lo será para compartirlo.
Es lo que nos hizo Gonzalo tanto años,
No es que no supiera hasta donde llegaban las metas de cada uno
Pero lo compartió con ciegos, y con sordos, y hasta con señalados mudos.
Digo lo compartió como si fuéramos poetas de los que no escribían
no por faltas de amor ni por amnesias de aquel primer
instante que, no lo olviden, lo compartió al desnudo.
No es tarde para verlo, tampoco para oírlo
No es tarde, nunca es tarde porque no hay ninguna despedida.
Para compartir lo único que tengo que es lo que va quedando
de esta vida, lenta, voraz y solitaria pero es, cuando nos conmueve “No estés bajo la lluvia José Antonio te estamos esperando”
Y habrá que estar despierto porque ahora
vendrá la época de responder las avalanchas de comprensión del mundo
y la pareja.
Tal vez de escribir con carbón de Lebú
en las murallas de El Roble el día, la hora y el minuto que se fue
Vagamundo, porque deberán pasar algunos años para que esos escritos en el aire
se unan a los viejos muros diciendo que está vivo
vivo en la Poyetomancia y en los sueños de la cama china.
No se mucho más de su partida porque me quedé recomiendo algunos tiempos del Torreón del Renegado
esa tarde del Sur del Sur en el Chillán de Chile donde se encontrará con Hilda que no cambia y
lo ha estado esperando.
Volverá recorriendo cordilleras enseñando a leer a los mineros con su Rodrigo chico y años después con el nuevo Gonzalo.
en las alturas que le diagnosticó Huidobro y en la invencible independencia
que adivinó Neruda en el Chillán de los sesenta.
Su poesía recorrió los mundos que había adivinado desde su ventanal que le ofreció Valparaíso
y durante la ausencia y la cruel lejanía alimentó la esperanza enviando aquellos testimonios
que eran pedazos íntegros de nuestras vidas
No hay que tenerle miedo al miedo
nos dijo en la ventisca
Estuvo en la China de Mao y en la histórica Cuba y amó a México en sus hondas esencias
siempre crítico y autónomo que le reconoció como “Allendero”
Ahora dejémoslo dormir
al que no durmió cuando vivo
siempre estuvo despierto
más aún que en el sueño.
Dejémoslo dormir y si quieren saber, conocer, aprender algo de este Rojas chileno
escriban con un pedazo de carbón de Lebu en los muros antiguos que todavía quedan en el Chillán de Chile
fecha, hora y minuto del viaje sin comienzo que ha emprendido.
Abrevien su estadía en ¡el avión de palo” donde nunca estará
y dejémoslo volar, seguir volando en los mismos aires de los que “murieron cantando”.
No hay que llorarlo. No hay que despedirlo
no hay que interrumpirlo en este viaje que comenzó hace casi 100 años.
Dejémoslo leyendo las estrellas australes que iluminan las noches
y la llegada del viento sur en las mañanas.
Buenos días y noches Gonzalo
Cuando quiera oírte sin imprentas
No iré a los cementerios, lo encontraré en los
vientos, y el aire para ser vividos, en las lluvias que
trajeron a José Antonio, en las voces de “los que cayeron cantando”,
en las miradas húmedas de la memoria de nuestros hermanos
y en el vuelo de sus amores cuando volvamos a encontrarnos como hace 40 años.
Allá nos vemos, allá en el Sur del Sur
oyendo la voz testimonial
de la montaña
desde el Chillán de Chile que
algún día sabrá
“que se ama
cuando se ama”
Rogelio de la Fuente Gaete
Sur del Sur
Chillán de Chile
México de todos los Nortes.”



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